
ENDE, pintora y sierva
Monasterio de San Salvador de Tábara, siglo X Amanece y en la torre del monasterio las ventanas altas dejan entrar un resplandor tenue que apenas roza las mesas de trabajo del scriptorium, donde huele a pergamino recién raspado, a polvo mineral y a aceite quemado. Allí, en ese santuario de líneas y colores, Ende observa el Beato con ojo experto: ángeles suspendidos en un cielo sin horizonte, bestias que emergen de un rojo encendido, ciudades que se alzan como geometrías imposibles…El Apocalipsis como coreografía de luz. A su lado, Emeterio traza letras y Senior pule el pergamino con destreza,
