
Vivido un nuevo 8M, reivindicativo del más rancio feminismo, se olvida como en tantas ocasiones el destacado papel que desempeñaron mujeres científicas católicas que, junto con científicos españoles varones y en pie de igualdad, contribuyeron al esplendor de ese brillante periodo de la Edad de Plata, que al inicio del siglo XX alumbró una excelente creatividad en todos los campos del saber y de las artes humanas.
Unas mujeres que, ha menudo, tuvieron que esconder sus firmes convicciones, por temor a ser “canceladas”, como se dice hoy en día, por sus coetáneos imbuidos de un feroz y militantes ateísmo que despreciaba a todo aquello que oliera a clerical.
Mujeres como Juana Bellanato, María de Maeztu, María Goyri, o las pioneras de la Asociación Católica de Propagandistas, AcdP, o del Opus Dei dieron la mejor medida del extraordinario talento de que son capaces las mujeres en todos los ámbitos, incluidas las disciplinas científicas o, como se dice ahora, STEM.

Hoy vienen a estas líneas una de esas personas, Carmen Gayarre Galbete, nacida en Pamplona, en 1900, y fallecida en Madrid, en 1996. Estudió Magisterio en la Escuela Normal Oficial de Pamplona y Graduado Social en la Escuela Oficial del Ministerio de Trabajo, en Madrid, obteniendo además la licenciatura en Filosofía y Letras -especialidad en Filosofía Pura-, por la Universidad de Madrid. Luego, se diplomó en la Escuela de Psicología de Madrid.
También se especializó en Estudios Sociales, en 1924, en Bruselas, con su tesis “Psicología Infantil: aplicación a la primera infancia”. En 1934, consiguió una pensión de la católica Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, JAE, para estudiar psicología, siguiendo cursos de alta especialización en el Instituto de Psicología de la Universidad de Viena. Colaboró también en el estudio de niños difíciles, para lo cual se informó acerca de la organización, los métodos de trabajo y la formación de personal de esos centros.

Durante la Edad de Plata, fue ayudante de la Normal de Navarra, entre los años 1919 y 1924; profesora ayudante de Psicología en el Instituto Escuela de Madrid (de 1931 a 1932); profesora auxiliar de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid por concurso-oposición; encargada de la cátedra de Paidología, en los cursos 1932-1933 y 1933-1934, bibliotecaria del seminario de Pedagogía. Por último, hablaba inglés, francés y alemán.
Ese brillante currículum no fue incompatible con su matrimonio con el doctor Carlos Gil y Gil, catedrático de Medicina Física en la Universidad Complutense de Madrid, con quien tuvo seis hijos. Un hombre también de profunda fe. Al contrario, su esposo la apoyó siempre en toda su carrera profesional, afrontando juntos el síndrome de Down del menor de sus hijos, Luis, nacido en 1942, que además resultó ser de salud enfermiza.
Esa circunstancia animó a nuestra protagonista a abandonar su cátedra de Paidología, para volcarse en la educación especial, siendo pionera en la creación de centros de educación y otras iniciativas encaminadas a hacer la vida más fácil a estas personas. Así, entre otras, puso en marcha el colegio de educación especial El Molino, de Pamplona, poniendo particular empeño en que los niños no se vieran desarraigados de su entorno familiar.
Ya en los años 70, apostó por las viviendas tuteladas, arrancando con la compra de dos viviendas en la madrileña localidad de San Sebastián de los Reyes. También pensó en medidas que garantizaran el futuro de las personas con discapacidad, algo que en aquella época aún no se había desarrollado como lo ha hecho actualmente.

Para acometer esos valientes proyectos, siempre desde una óptica cristiana, Carmen Gayarre que, como apuntábamos antes tenía una sólida formación académica, aunque en otras disciplinas, empezó a formarse para tener el mejor bagaje que la habilitara en su nueva empresa. Así, se especializó en Educación Especial en París, en el Centro Internacional de la Infancia, completando luego esa formación inicial mediante numerosos viajes a centros especializados de distintos países de Europa, Estados Unidos y Canadá.
En 1959, fundó con escasos medios pero mucho ánimo el colegio San Luis Gonzaga, en Madrid, un colegio de enseñanza especial para adolescentes, a partir de los 14 años, ya que a partir de esas edad, las personas con deficiencia mental y no todos, eran atendidos en la Escuela Nacional de Anormales, luego Instituto Nacional de Pedagogía Terapéutica, dirigido por la también fervorosa católica María Soriano, con quien siempre estuvo unida personal y profesionalmente. En el nuevo centro, se procuraba habilitar a los adolescentes para conseguir su mejor adaptación y poder afrontar la vida social con las mejores garantías.

Así mismo, implementó numerosos programas formativos dirigido a la capacitación de los alumnos para que pudieran trabajar, para lo cual, introdujo el revolucionario método PAC del doctor Herbert Charles Gunzburg, en 1966, dirigido a facilitar a los alumnos un amplio espectro de habilidades sociales. Eso se tradujo en la creación de la Fundación Centro de Enseñanza Especial, en donde se desarrollaban aprendizajes en habilidades domésticas, cuidado de animales, huerta escolar, etc.
En 1964, esa iniciativa se transformó en la Fundación Centro de Enseñanza Especial – luego Fundación Gil Gayarre –, que a partir de 1969 se trasladó a sus instalaciones de la madrileña Pozuelo de Alarcón.

Jesús Caraballo
