
El gaucho es una figura emblemática de la cultura rioplatense (Argentina, Uruguay, sur de Brasil), caracterizado por ser un hábil jinete nómada, solitario e independiente, típico del siglo XVIII y XIX. Se define por su valentía, altivez, profunda conexión con la llanura pampeana, el uso experto del lazo, boleadoras y el cuchillo (facón).
Origen

Su origen se remonta a 1600, cuando las llanuras a ambos márgenes del Río de la Plata estaban repletas de ganado salvaje llegado a estas tierras con Pedro de Mendoza, el primer adelantado del Río de la Plata, en 1538.
En ese entonces, el gaucho era el habitante vagabundo de las pampas, que viajaba sin rumbo fijo en su caballo, con boleadoras, poncho, lazo, cuchillo, yerba mate, sal y tabaco como único equipaje, y a veces acompañado por una mujer.
El gaucho de cada región del país tiene sus propias características y usa distinto atuendo que se adapta a las necesidades e inclemencias de cada geografía.
Su gastronomía:
Las comidas del gaucho son: el asado, carne a la brasa que muchas veces se cocinaba con el cuero, las empanadas, el locro, la humita, el arrope, el puchero con caracú. Nunca falta el mate y, si es con tortas fritas, mejor. Gastronomía argentina y platos típicos

Hoy es el bar o almacén del pueblo, pero antiguamente el lugar de encuentro era la pulpería; eran tabernas con el mostrador enrejado para evitar daños y pérdidas en caso de enfrentamientos, que eran motivados por deudas, mujeres o rencores generados por el exceso de ginebra.
Se entretienen con la taba (juego de apuestas donde se arroja el hueso de vaca), el pato, las carreras cuadreras, la sortija, las jineteadas y los naipes.
Nunca falta el gaucho que anda con su guitarra. Canta o recita unas coplas que, cuando se suma otro músico o payador, se transforman en payada, una puja poética donde, con ingenio y talento en el verso, relata con humor o dolor sus vivencias y sentimientos. Es muy extenso el acervo de poesía gauchesca.

La música gauchesca: malambo, milongas, zambas, chacareras, vidalitas, chamamés, gatos, cuecas y chamarritas. Además de la payada, recitada en solitario o en contrapunto con otros payadores. Es una de las bases de nuestra música folclórica.
El gaucho fue marginal, pero aun así se lo veía con mucho respeto, por ser libre, duro, por su extraordinaria destreza como jinete y ser hábil con las manos, por su solidaridad y su ingenio. De esta admiración surgió la poesía gauchesca, sus escritores utilizaban el lenguaje gaucho, sus dichos y sus ideas.
La figura romántica del gaucho, como hombre independiente y rudo, pero leal y sabio, fue emblemática para autores como José Hernández, que escribió el «Martín Fierro», donde el gaucho toma dimensión de héroe, o para Ricardo Güiraldes, que en «Don Segundo Sombra» narra sus vivencias junto a estos hombres de campo en el pueblo de San Antonio de Areco.

Estos relatos, como tantos otros, han hecho del gaucho un personaje mítico que, con el tiempo, se fue transformando en un arquetipo de los “valores esenciales del ser argentino». Hoy en día, el gaucho vive austera pero confortablemente (se lo ve también andando en 4×4), en contacto con la naturaleza, conservando tanto sus costumbres rurales y sus tradiciones como así también su medio ambiente.
Proveniencia de la palabra gaucho:
Gauchos a fines del siglo XIX participando de la «esgrima criolla» con sus cuchillos y facones.
Si bien en la época virreinal la palabra gaucho o gauchesco se ha utilizado con sentido variado, con referencia tanto al poblador de las zonas rurales de gran parte del Cono Sur (particularmente del Cono Sur en su vertiente al este de los Andes), como a una forma de cultura, en los primeros tiempos que se utilizó para designar un tipo de habitante de las Sierras del Este de la Banda Oriental, llamadas “tierras de nadie”, no solo de la llanura pampeana, también fue utilizada entonces en las que hoy es Río Grande del Sur, Entre Ríos, Misiones, parte de Corrientes y las fronteras entre los dominios español y portugués. Los “gauchos” y sus antecesores los “gauderios” y “changadores” lograban subsistir compartiendo y mezclándose con guenoas y guaraníes y otros pueblos nativos, con los recursos naturales de la zona, y especialmente, por el abundante ganado cimarrón que se había reproducido en las praderas de estos territorios. Originalmente se utilizaban las palabras vagabundo o vagamundo, changador, forajido, y más tardíamente, gauderíos, para este grupo social «cimarrón» y multiétnico.

La palabra propiamente dicha aparece por primera vez en un documento escrito en 1771 refiriéndose a ciertos «malhechores» que se escondían en la Sierra a una cierta distancia de Maldonado, tal vez en la misma Sierra de los Rocha o sus adyacencias.Se trata de una comunicación del comandante de Maldonado, Pablo Carbonell, enviada a Buenos Aires al virrey Juan José de Vértiz y Salcedo fechada el 23 de octubre de 1771:
Muy señor mío; habiendo noticia que algunos gauchos se habían dejado ver a la Sierra mande a los tenientes de Milicias Dn Jph Picolomini y Dn Clemente Puebla, pasasen a dicha Sierra con una Partida de 34 hombres entre estos algunos soldados del Batallón a fin de hacer una descubierta en la expresada Sierra, por ver si podían encontrar a los malhechores, y al mismo tiempo viesen si podía recoger algún ganado; y habiendo practicado…

Desde sus «refugios» en las sierras del este, los gauchos y gauderíos se trasladaban al oeste para ir a buscar tropas y rebaños que llevaban hacia el este, ya sea a lo largo de la costa hacia las poblaciones portuguesas más cercanas, o en algunas ocasiones a la costa de Castillos, donde las vendían a expediciones europeas (sobre todo francesas). El pasaje de ganado desde la mitad sur de la Banda Oriental hacia Brasil era posible tanto por las zonas costeras (camino del arenal), a lo largo de las lagunas, donde además había rinconadas naturales que facilitaban el trabajo, como por la Cuchilla Grande en tierras del Cerro Largo. La zona de Cerro Largo que era un camino natural, un área descampada con un relieve ondulado de praderas sin mayores escondites naturales. Los caminos de la costa, en cambio, tenían numerosas zonas serranas en sus cercanías donde los «gauchos» podían refugiarse cuando venían las patrullas españolas. Las serranías de Ánimas, Carapé y de la Ballena tenían la desventaja de estar demasiado cerca de los destacamentos militares de Maldonado. Por esa razón es probable, que los primeros núcleos gauchos, se hayan refugiado en las zonas serranas rochenses, en particular detrás de la Sierra de los Rocha.

Es destacable mencionar, además, que a partir del Tratado de Madrid de 1750, y hasta la modificación de los límites algunos años más tarde, la frontera entre España y Portugal había estado ubicada en la zona de los Castillos (hoy conocida como Cabo Polonio); el primer marco estaba en una punta rocosa al oeste de este cabo, en el cerro Buena Vista, en el Cerro de la India Muerta y así sucesivamente hasta llegar a la Cuchilla Grande.
Después del mencionado Tratado de Madrid, firmado por España y Portugal, los misioneros de Río Grande del Sur se negaron a abandonar la región y moverse al sur del Río Uruguay. El tratado asentó los límites entre las tierras de los dos reinos y los misioneros tuvieron que quedarse en tierras españolas. Se desató una revuelta de los aborígenes (alianza de charrúas, minuanes, guenoas, guaraníes y jesuitas contra los demás europeos), conocida como la Guerra Guaranítica, que solo finalizó después que los portugueses destruyeran las Misiones Orientales en 1756, y los españoles fundaran Salto y Maldonado. Después de la guerra, muchos aborígenes quedaron sin hogar, y el ganado quedó libre pastando en los campos. Estos aborígenes sin casa se convirtieron en los primeros gauchos y después de 150 años, el ganado cimarrón se esparció por toda la pampa, convirtiéndose en una importante fuente de alimentos para los gauchos vagabundos.

El abandono de las estancias jesuíticas, que se internaban hasta el centro de la Banda Oriental por el sur y las cercanías del Atlántico por el este, hizo que estos campos se constituyeran en “tierras de nadie” y el ganado cimarrón fuera explotado ilegalmente por audaces hacendados blancos de la región de las antiguas vaquerías jesuíticas. El lento avance de hacendados provenientes de Buenos Aires, Montevideo, Santa Fe, Corrientes y Río Pardo, les fue disputando la soberanía de las praderas. Se extinguían las vaquerías dando lugar a la formación de unidades de producción organizadas y muy fructíferas, en épocas en que el cuero y el charque empezaban a ser muy requeridos, sobre todo en las zonas mineras del Planalto al sur de Brasil, cercano a las Misiones.

La Sierra de los Rocha era la última antes de llegar a dicha línea fronteriza y tal vez, por ese motivo, ya sea detrás o hacia el norte de la misma, se habrían localizado los primeros refugios gauchos.
Ya en la época de los gauderíos, algunos años antes, se hablaba de una «republiqueta» de gauderíos en la zona de Cebollatí. En ese lugar, habían «fortificado los principales puntos con cañones, fosos y palizadas, en las estancias que eran de los indígenas guaraníes».

Existen varias teorías sobre el origen del vocablo, entre otras hipótesis, que puede haber derivado del quechua «huachu» (huérfano, vagabundo), del gentilicio guanches o guanchos de los canarios llevados en 1724 para refundar Montevideo, o del árabe «chaucho» (un látigo utilizado en el arreo de animales). Según el investigador Mariano Polliza deriva de la palabra de origen portugués «gauderio» con la que se designaba a los andariegos habitantes de las grandes extensiones de campo de Río Grande del Sur y del este de la Banda Oriental, pasando al Río de la Plata en el siglo XVIII, donde hasta entonces no era conocida, otro supuesto origen sería garrucho palabra portuguesa que señala a un instrumento usado por los gauchos para atrapar y desjarretar a los ganados.
En el árabe mudéjar existía la palabra hawsh para designar al pastor y al sujeto vagabundo. Por otra parte, se ha señalado la probable influencia de inmigrantes moriscos clandestinos en la génesis del gauchaje, tal cual lo indicaba Diego de Góngora en sus informes capitulares a la Corona española. Aún hoy en Andalucía —especialmente en la lengua gitana caló— se habla de gacho para denominar al campesino y, de modo figurado, al amante de una mujer. En el siglo XVIII, Concolorcorvo habla de gauderios cuando menciona a los gauchos o huasos: «Estos son unos mozos nacidos en Montevideo y en los vecinos pagos. Mala camisa y peor vestido procuran encubrir con uno o dos ponchos…», gauderio parece ser una especie de «latinización» de las palabras antedichas, latinización asociada al término latino —muy conocido entonces, ya que era usual en la liturgia católica— gaudeus, que significa «regocijo», e incluso «libertinaje», es decir la palabra «gaucho» como la palabra «huaso» —metátesis una de la otra— parecen indudablemente plurietimológicas, y forjadas en un contexto temporal y territorial específico, el ámbito ganadero del Cono Sur. A la formación del gaucho también contribuyeron los camiluchos, estos eran los antiguos peones o «camilos» de las Misiones Jesuíticas, los cuales, al ser expulsada la orden jesuítica en 1767 e invadidas las «reducciones», marcharon hacia la región pampeana o llanura de la pampa argentina.
Origen de la expresión gaucho

Según Ricardo Rodríguez Molas: «El origen de la palabra gaucho, como el de tantas otras del Nuevo Mundo, ha dado lugar a las más variadas y no pocas veces alucinantes teorías filológicas».
Una opinión que ha tomado fuerza en los últimos años indica que tanto la palabra «guaso» como «gaucho» tendrían raíz hispana, específicamente originada en Andalucía, donde a la falta de gracia se le denomina «huasa»; al exceso de gracia, «guasón»; y al campesino que también habría sido el étimo de la palabra gaucho: «gacho». La combinación de esas tres palabras habría originado el término «huaso» para referirse al hombre de campo chileno.
Las primeras referencias escritas a los gauchos se encuentran a comienzos del siglo XVII, utilizando términos como «mancebos», «mancebos de la tierra», «moços perdidos», «moços vagabundos», «criollos de la tierra», «changadores».
A mediados del siglo XVII, comenzó a utilizarse la palabra «gauderio» para designar a ese grupo social. Poco después aparece la palabra «gaucho», encontrada por primera vez escrita en un documento oficial de la Banda Oriental en 1771, siendo ya de uso generalizado para fin de siglo.
La palabra Gaucho aparece por primera vez en un documento originado en Montevideo el 8 de agosto de 1780: «…que el expresado Díaz no consentirá en dicha estancia que se abriguen ningunos contrabandistas, vagamundos u ociosos que aquí se conocen por Gauchos».

La palabra gaucho al parecer se aplicó inicialmente de manera despectiva para designar a un cierto tipo de poblador habitual de las zonas rurales del Cono Sur. Los primeros escritores hablaron de «gauderios» (holgazanes) en la zona, que se encontraban fuera del alcance de las autoridades; era habitual que jóvenes provenientes de distintas regiones que hoy integran Argentina, Uruguay, Región al sur de Brasil y Paraguay, se dedicaran a contrabando —sin saber que lo practicaban ya que los límites entre jurisdicciones eran muy difusos y variaban casi constantemente— de vacunos y cueros, siguiendo para sus trajines, entre otras rutas, la oriental ruta del ganado. La gran región del Cono Sur, apenas conocida por las autoridades españolas y portuguesas, eran también un refugio para fugitivos de las opresivas leyes de las autoridades coloniales y poscoloniales, así como de esclavos fugados. Incluso cerca del río Cebollatí, que delimita los actuales departamentos uruguayos de Rocha y Treinta y Tres, llegó a organizarse una republiqueta gaucha, fortificada con cañones.

En las últimas décadas del siglo XVIII y primeras del siglo XIX, la palabra gaucho se extendió por toda la región, para designar a los trabajadores libres que vivían de los vacunos salvajes o cimarrones de las pampas. Inicialmente el término era usado despectivamente, pero ya en la segunda y tercera década del siglo XIX, la palabra comenzó a perder su connotación despectiva, de la mano de la causa federalista iniciada por José Gervasio Artigas, liderando una alianza de provincias integrada por las provincias de Córdoba, de Corrientes, de Entre Ríos, Misiones (incluyendo en esa época también a las Misiones Orientales), la Provincia Oriental y la de Santa Fe.
En 1833 Charles Darwin visitó la región en su famoso viaje alrededor del mundo a bordo del HMS Beagle. Darwin realizó amplias referencias descriptivas sobre los gauchos en su libro A Naturalist’s Voyage Round the World. The Voyage of the Beagle (Viaje de un naturalista alrededor del mundo. El viaje del Beagle), utilizando la palabra sin ningún dejo despectivo y reflejando su utilización generalizada en las dos orillas del Río de la Plata e incluso en la Patagonia. Darwin, quien llegó a entrevistarse con Juan Manuel de Rosas, dice que Rosas, «al adoptar la vestimenta y los hábitos de los gauchos, ha obtenido una ilimitada popularidad en el país».

Domingo Faustino Sarmiento —cuyo padre, José Clemente Sarmiento, podría considerarse gaucho, ya que se desempeñaba como arriero entre Cuyo y Chile— escribió uno de los principales libros de la literatura conosureña del siglo XIX: Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas, dedicada a analizar la vida de un caudillo gaucho como fue Facundo Quiroga, asociando el término gaucho a la idea de barbarie. El 20 de noviembre de 1861, Sarmiento le escribió a Bartolomé Mitre:

«No trate de economizar sangre de gauchos; éste es un abono que es preciso hacer útil al país; la sangre es lo único que tienen de seres humanos».
Y en marzo de 1863:
«Si el coronel Sandes va y mata gente [en las provincias], cállense la boca. Son animales bípedos de tan perversa condición que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor».
Sostiene al respecto José Ignacio García Hamilton que
«La palabra «gaucho» en el siglo XIX tenía un significado distinto del actual. Cuando Sarmiento le dice a Mitre «no ahorre sangre de gauchos, es lo único que tienen de humano», está hablando de Urquiza, es decir, de un empresario y ganadero muy rico. Gaucho quería decir marginal, delincuente o, políticamente, intolerante. Por eso a Rosas y a Urquiza les decían gauchos en este último sentido, es decir, caudillos bárbaros, que no permitían el disenso».
Modo de vida original

Segundo Ramírez, en quien se inspiró Ricardo Güiraldes para escribir Don Segundo Sombra. Gaucho del Chaco boliviano, Yacuiba. Fotografía tomada por Jean Baptiste Vaudry, invierno de 1903. Soldados gauchos que preparan mate, en uno de los campamentos del ejército de Juan Manuel de Rosas, Argentina, a partir de un dibujo de Jean-Baptiste Henri Durand-Brager (1814-1879).
La genealogía del gaucho es compleja; sin duda existieron los gauchos —aunque no fuera generalizado ese nombre— ya desde los tiempos de Hernandarias, al requerirse sujetos libres para manejar los numerosos rebaños de ganado cimarrón que medraban en las vaquerías pamperas y campañas del Mar o Vaquerías del Mar en el siglo XVII. Estos «protogauchos» eran criollos y mestizos en su mayoría eran «mancebos de la tierra», tal como la gran mayoría de quienes acompañaron a Juan de Garay en su fundación de Buenos Aires, e inclusive fueron los primeros vecinos de la ciudad. Sin embargo, existe una leyenda que menciona con nombre y apellido al «primer gaucho»: según tal leyenda en 1586 en la aldea que entonces era la actual ciudad de Buenos Aires vivía un soldado raso andaluz llamado Alejo Godoy; este se quejaba del mal trato y las pésimas condiciones de vida y habría enviado una carta al rey de España para que atendiera su condición y las de aquellos que se encontraban en circunstancias semejantes. Como (obviamente) no recibiera respuesta, —se dice— cansado de esperar se acercó al baldío que entonces era la Plaza Mayor y tras gritar «¡Muera Felipe II!» se fugó a galope hacia el campo. Este relato es casi sin duda legendario, pero como muchas leyendas aporta ciertos datos para entender el origen del gaucho.

En Brasil, la historiografía a veces supone a los gauchos con orígenes portugueses. Lo cierto es que en la región contendida de la Banda Oriental, el Río Grande y las Misiones Orientales prosperaron los gauchos que arreaban ganado practicando, sin saberlo, contrabando de ganado entre los territorios entonces españoles y portugueses (el ganado se dirigía a la brasileña «Feria de Sorocaba» siguiendo la Ruta del ganado).
El gaucho era generalmente nómada y habitaba libremente en la región, desde la región pampeana, la llanura que se extiende desde el norte de la Patagonia argentina hasta el estado de Río Grande del Sur al sur de Brasil, en todo el territorio suavemente ondulado del actual Uruguay, llegando hasta la Andes hacia el oeste y aún más al norte, por los llanos chaqueños hasta la región de Chiquitania y Santa Cruz de la Sierra. Mantenía una relación con el ganado introducido por los europeos, un complejo ecuestre criollo.

La mayoría de los gauchos eran criollos o mestizos, si bien esto no es definitorio. Hacia 1875 el viajero gascón Henry Armaignac daba una definición más cercana al respecto de quién era considerado gaucho. En principio, gaucho es el habitante rural que tiene gran destreza como jinete, pero esto no basta. Dice Armaignac: «Un extranjero —por ejemplo, un europeo— puede adquirir, aunque sea muy difícil, todas las destrezas del gaucho, vestir como gaucho, hablar como gaucho… pero no será nunca considerado gaucho; en cambio sus hijos aunque todos sus linajes sean directamente europeos, al ser ya nativos o criollos sí serán cabalmente considerados gauchos».

Carolina Campillay
Mendoza. Argentina
