Centenario de los mártires cristeros

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Este año de 2026 se cumple el centenario del inicio de la conocida como Guerra Cristera o Cristiada, alzamiento del pueblo llano contra las leyes arbitrarias del Gobierno federal masónico, que trataban de arrancar la fe de los mejicanos. Un conflicto que se saldó, al cabo de tres años, con un auténtico genocidio: se cree que alrededor de un cuarto de millón de campesinos murieron mártires a manos de un ejército bien entrenado y equipado.

El conflicto venía de años atrás. En 1917, se promulgó la Constitución de México, inspirada en la Masonería a la que servían las autoridades revolucionarias, y por tanto, imbuida de un profundo y rabioso anticlericalismo.

Atentado contra la Virgen
Guadalupana

Desde entonces, se sucedieron episodios tan alarmantes como el atentado contra la Virgen Guadalupana, en su basílica del cerro Tepeyac, perpetrado el 14 de noviembre de 1920, o la creación de la Iglesia Católica Apostólica Mexicana, para romper con el Vaticano, por parte de la Confederación Regional Obrera Mejicana, en 1925, entre otros.

Pero tras años de acoso, el detonante definitivo del conflicto fue la entrada en vigor, el 31 de julio de 1926, de una nueva ley sobre supuestos delitos en materia de culto religioso y disciplina externa, promulgada por el presidente de entonces Plutarco Elías Calles, que tras su elección intensificó la presión anticlerical.

Plutarco Elías Calles

Con este motivo, los obispos mejicanos decidieron suspender el culto público, pero los fieles se rebelaron contra esa decisión y contra la arbitrariedad de aquella ley que conculcaba su derecho fundamental a profesar libremente su religión. Arrancaba así una guerra que formalmente se extendería hasta el 21 de junio de 1929, si bien, la persecución se prolongaría aún varios años, y que habría de costar la vida a miles de niños, jóvenes, ancianos, campesinos, obreros, sacerdotes, religiosos, laicos…

Algunos de esos mártires más destacados fueron San José Sánchez del Río, asesinado a los 14 años; el beato Anacleto González Flores, patrón del laicado mexicano, o el beato Padre Miguel Agustín Pro.

Y es que la nueva legislación obligaba a la Iglesia a someterse al Estado, contemplando medidas como la prohibición de las órdenes religiosas, limitar el culto al interior de los templos, la obligación de que los sacerdotes estuvieran casados o la expulsión de los religiosos extranjeros, entre otras. Frente a la aparente tibieza de la jerarquía eclesiástica ante tales atropellos, la respuesta del pueblo fue clara y se levantaron, dirigidos por algunos veteranos revolucionarios, al grito de ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva Santa María de Guadalupe!

Brigadas Femeninas santa Juana de Arco

Las mujeres tuvieron también un papel importante en el ejército cristero, siendo  las primeras guerrilleras. De hecho, más de 25.000 integraron las conocidas como Brigadas Femeninas.

Pero pese al entusiasmo de los valientes católicos, su causa estaba abocada al fracaso, frente al poderoso ejército federal, y su sacrificio resultó vano, ante lo que algunos califican de vergonzosa claudicación de Brigadas Femeninasla Iglesia frente al poder político.

Obispo de Tabasco, Pascual Díaz Barreto

Así es, tras la llegada a la presidencia de la república de Emilio Portes Gil, se iniciaron unas complicadas negociaciones entre la jerarquía eclesiástica mejicana y las autoridades, y que contaron con la mediación del embajador estadounidense D. Morrow. Por su parte, la Santa Sede nombró al obispo de Tabasco, Pascual Díaz Barreto, como secretario del Comité Episcopal, para las negociaciones.

Pese al ánimo conciliador de la Iglesia, que llevó finalmente a la firma de los acuerdos que pusieron fin al conflicto, el gobierno no cejó en su odio anticlerical, hasta el punto que Calles pronunció el Grito de Guadalajara, con el que se trasladó la Revolución y el socialismo al ámbito educativo, prohibiendo cualquier referencia religiosa en las aulas.

No sería hasta 1992, en que una reforma constitucional y la promulgación de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público permitiría, por primera vez, que las autoridades mejicanas reconocieron la personalidad jurídica de la Iglesia Católica en México.

El Papa San Juan Pablo II beatificó a 39 católicos que fueron asesinados por su fidelidad a Cristo y a la Iglesia: 27 sacerdotes y 12 fieles laicos. De éstos fueron canonizados un total de 24, perseguidos durante las guerras cristeras, el 21 de mayo del año 2000.

La celebración de esta triste efeméride ha impulsado a la ciudad mejicana de Cancún a acoger el Primer Congreso Cristero. El evento tendrá lugar en la iglesia de San José Luis Sánchez del Río.

Jesús Caraballo

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