El nombre de «Almudena»

Si te gusta, compártelo:

La Virgen de la Almudena, símbolo religioso de Madrid

“Tú que estuviste oculta en los muros
de este querido y viejo Madrid,
hoy resplandeces ante tu pueblo,
que te venera y espera en tí”

Extracto del Himno a la Virgen de la Almudena

El nombre «Almudena» proviene del árabe al-mudayna, que significa «ciudadela» o «recinto amurallado», como el que entonces ocupaba la zona donde hoy se alzan el Palacio Real y la Catedral y es también en referencia al lugar exacto donde se encontró la imagen de la Virgen de la Almudena. Ante el avance de las tropas musulmanas,los vecinos de Madrid habían decidido esconder la imagen en el muro para protegerla de la profanación. La leyenda atribuye a un herrero esa tarea, sellando la hornacina con piedras y dejando dos cirios encendidos como símbolo de esperanza.


Virgen de la Almudena, Cuesta de la Vega

Sin tener documentado fehacientemente su origen, se cree que la talla original de la Virgen de la Almudena fue destruida en un incendio durante el reinado de Enrique IV, en el siglo XV. Hoy, tres imágenes recuerdan su figura: la escultura de piedra en la Cuesta de la Vega, la talla que preside la catedral y la que se conserva en su museo. Un detalle que sigue llamando la atención  a quienes la veneran en la Catedral de la Almudena es su característico tono oscuro. Según la tradición, el color moreno de la talla se debe al humo de las dos velas que la acompañaron mientras permaneció oculta durante más de 300 años tras los muros de la antigua fortaleza. La estatua de piedra blanca de la Virgen de la Almudena, situada en una hornacina abierta en el muro de la Galería de las Colecciones Realess tiene a sus pies una inscripción tallada en grandes letras recuerda su origen y reza así:

“Ymagen de María Santísima de la Almudena, ocultada en este sitio en el año 712 y descubierta milagrosamente en el de 1085”.

Iglesia del Santísimo Sacramento de las Madres Bernardas

La talla actual de la Catedral, de madera policromada, se atribuye a Diego Copín de Toledo y se habría realizado entre los siglos XV y XVI. Permaneció en la antigua Iglesia de Santa María, en la calle Mayor. hasta 1865. Poco después, las reformas urbanísticas obligaron al derribo del templo. La imagen fue entonces trasladada a la Iglesia del Santísimo Sacramento de las Madres Bernardas, actual sede de la Catedral Castrense. Tras permanecer en la iglesia de las Bernardas, la imagen fue trasladada en 1911 a la cripta del templo aún en construcción, donde encontró un nuevo refugio. Allí permaneció de nuevo oculta durante los difíciles años de la Guerra Civil, y milagrosamente ilesa, a pesar de la crudeza de los enfrentamientos que se vivieron en la capital. Según otras crónicas, al recuperar el espacio sagrado tras la contienda, la imagen fue hallada con una soga al cuello y un cartel a sus pies que decía: «¡Respetadla!». El intento de profanarla se había detenido en el último momento. “La talla de la Virgen había sobrevivido al horror de la guerra con una dignidad intacta”.

Como constata el Fenix de los Ingenios, además del buen estado de conservación de la talla, algo que sorprendió sobremanera a los presentes, sería la presencia encendida de las dos velas. Este hecho hizo que se atribuyera el milagro a la intervención divina. Con el tiempo, pasó por otros templos de la ciudad, hasta que, en 1993, se instaló definitivamente en la Catedral de la Almudena, consagrada ese mismo año por el papa Juan Pablo II. El gesto simbolizó el regreso de la Virgen a su lugar de origen, cerca de la cuesta de la Vega, donde, según la tradición, había sido encontrada siglos atrás.

Jerónimo Román de la Higuera

Existe una antigua tradición que remonta hasta la época apostólica el origen de la imagen de la Virgen que actualmente conocemos como Santa María la Real de la Almudena. Jerónimo Román de la Higuera (1538-1611) sostiene que la imagen fue traída desde Jerusalén por el propio apóstol Santiago, acompañado de su discípulo Calocero. La talla, según la tradición, habría sido esculpida por Nicodemo y pintada por San Lucas.:

“Es tradición antiquísima que, cuando el Apóstol Santiago vino de Jerusalén a predicar a España, trajo la milagrosísima Imagen que hoy llaman de la Almudena a esta Coronada Villa de Madrid y la colocó en esta Iglesia (de Santa María) en compañía de uno de sus discípulos, llamado San Calocero, que fue el primero que predicó en ella, el año del Señor treinta y ocho.
Es la primera que adornó esta villa y, por la misma tradición, se afirma que fue labrada viviendo Nuestra Señora, por San Nicodemus y colorida por San Lucas como consta en muchos autores”

Cronistas, poetas e historiadores como Jerónimo Román de la Higuera, Iván de Vera Tassis o Lope de Vega difundieron esta tradición, reforzada también por una placa de bronce de 1616 y varios grabados y lienzos del siglo XVIII representan este origen.

Grabado de Franciscus Ignacius Ruíz

Existe una placa de bronce anónima, fechada en 1616, donde se recogen estos mismos orígenes de la devoción. Y existen un lienzo anónimo del s. XVIII y un grabado de Franciscus Ignacius Ruíz de la misma centuria, que ilustran la mencionada tradición.

Se sabe que Madrid se constituyó como núcleo urbano en la Edad Media, pero en torno a su origen hay diversas teorías. Madrid era ya un nombre conocido a principios del siglo XI. En la Crónica de Sampiro, uno de los primeros testimonios escritos que la mencionan, aparece con la forma Magerit, simple transcripción del árabe Maŷrīṭ («in civitatem quae dicitur Magerit»), pues en aquella época, la ciudad formaba parte del Califato omeya de Córdoba y su nombre reflejaba ese origen. Entre las teorías más estudiadas está la relacionada con el reinado del emir Mohamed I. En el muro exterior de la cripta de la catedral. El texto indica:


Alfonso VI

 “Junto a este lugar se emplazó desde el siglo XI la puerta de la Vega, principal entrada del Madrid musulmán”. Al parecer cuando Mayrit fue conquistada por los musulmanes (entre 711 y 714), los cristianos, temerosos de que la imagen fuera profanada, habrían decidido esconderla con sus pertenencias más valiosas en uno de los cubos de la muralla, cerca de la antigua Iglesia de Santa María. Permaneció allí durante 373 años. La imagen volvió a la luz el 9 de noviembre de 1085, tras la conquista de Madrid por el rey Alfonso VI.

Así lo cuenta Jerónimo de la Quintana en A la muy noble, antigua y coronada villa de Madrid. Historia de su antigüedad, nobleza y grandeza (1629):

“…la enterraron y la escondieron en un cubo de la muralla, que estaba cerca de esta Iglesia de Santa María, para que, a cuando a largos años se descubriese y hallase este cielo, pudiese bien compararse el tesoro escondido”.

La leyenda de la Virgen de la Almudena no se limita a una única versión. A lo largo de los siglos han surgido otros relatos que alimentan el imaginario popular. Una de estas variantes introduce al Cid Campeador como protagonista. Según este versión, Rodrigo Díaz de Vivar soñó que la Virgen le pedía liberar Magerit de dominio musulmán. Al llegar con sus tropas, una parte de la muralla se derrumbó por sí sola, permitiéndoles tomar la ciudad.


Parque del Emir Mohamed I

Justo enfrente de la Catedral, al otro lado de la calle y por debajo del nivel actual, se extiende un pequeño parque urbano que conserva los restos de la antigua muralla medieval: es el llamado Parque del Emir Mohamed I. Pero la realidad La realidad es que son también muy pocos los vestigios visibles de la  etapa islámica. Uno de los más significativos —aunque escondido a la vista— descansa bajo la plaza de Oriente, oculto en un aparcamiento subterráneo. Se trata de una atalaya militar del siglo XI, construida en tiempos de las taifas.


Madrid romano

En 1561, la decisión de Felipe II de trasladar la Corte desde Toledo a Madridd fomentó que siguieran floreciendo todo tipo de teorías pre-musulmanas sobre el origen de la ciudad. La villa, ya residencia real y capital de un imperio, no podía tener un pasado menor al de otras grandes urbes europeas. Era necesario dotarla de una genealogía acorde a su nuevo estatus urbanístico. Otra teoría muy viva en la memoria colectiva habla de un poblamiento cristiano anterior a la época andalusí. Este pequeño núcleo de población todavía sin identidad propia sería, con el paso del tiempo, el germen de la futura villa de Madrid. Mucho antes de convertirse en villa, Madrid fue —según indican diversos estudios— un asentamiento militar romano. Un punto estratégico desde el que se controlaban las rutas que atravesaban la península ibérica de norte a sur y de este a oeste. Aquel primer campamento prestaba servicios básicos a las tropas en tránsito: posta, avituallamiento y alojamiento a los viajeros y abastecimiento a la guarnición.


Palacio Real

Con el tiempo, este enclave se consolidó en una pequeña fortaleza, probablemente situada en la misma atalaya sobre la que más tarde se levantaría el alcázar andalusí y donde hoy se alza el Palacio Real. Desde allí se dominaba la vega del Manzanares, por donde discurría una importante calzada que conectaba Segovia con Toledo y ésta con Mérida y el sur peninsular.

Al parecer, el rey había hecho la promesa a la Virgen de que si conquistaba Toledo, regresaría a Madrid para buscar la imagen que sabía que permanecía oculta.

Conquistada la plaza, mientras se celebraba una procesión de rogativas se halló milagrosamente la imagen de la Virgen La tradición cuenta que la figura apareció intacta, interpretándose como un signo de protección divina.

Lope de Vega se hace eco de la leyenda en estos versos:

  La procesión llega al muro

  y, cual si sus ruegos fueran

  irresistebles arietes,

desplómanse algunas piedras,

  húndese parte de un cubo,

  do brilla una luz intensa

  y en él preséntase al pueblo

  la Virgen de la Almudena,

  con las velas encendidas,

  que se escondieron con Ella,

  sin ser tres siglos bastantes

  para mermarles la cera.

Papa Pío X

Y fue precisamente en uno de aquellos cubos donde, según la leyenda, apareció la imagen el 9 de noviembre de 1085, tras la conquista de la ciudad por Alfonso VI. Si bien la devoción a esta advocación se sustenta en la conquista de Alfonso VI, desde su entronización en la antigua mezquita, su veneración como protectora de la ciudad se remonta al siglo XVII, cuando el 8 de septiembre de 1646 los regidores de la villa hicieron voto solemne de asistir cada año a su fiesta en agradecimiento por el fin de unas graves inundaciones que habían azotado la capital. Fue ya en el siglo XX cuando ese sentimiento fue refrendado por la Iglesia: en 1908, el papa Pío X proclamó por decreto a Santa María de la Almudena como patrona de la ciudad de Madrid, reconociendo así una devoción que llevaba siglos arraigada en el corazón de los madrileños, como la de su patrón, San Isidro. El vínculo entre la Virgen de la Almudena y San Isidro Labrador no es una cuestión actual. Hoy comparten el patronazgo de la Villa, pero en los tiempos en los que este sencillo labrador vivió en estas tierras ya se veneraba en Madrid a esta devoción mariana. Se cuenta que él acudía a rezar ante su imagen cada día antes de acudir a la faena en el campo.


Real Colegiata de San Isidro

Siguiendo con el devenir de la talla, en 1954, con motivo del Año Mariano universal convocado por el papa, la imagen fue trasladada a la Real Colegiata de San Isidro, que durante décadas ejerció como sede catedralicia provisional. Y allí permaneció hasta 1993, cuando, por fin, la Almudena ocupó su lugar definitivo en la catedral construida para ella.

Cuando la antigua iglesia de Santa María de la Almudena se derribó en 1870, surgió la necesidad de construir un nuevo espacio religioso acorde con la importancia creciente de la ciudad y con la profunda devoción a la patrona, pues ya entonces se gestaba la idea de construir un nuevo templo para la Virgen.  En 1879, el arquitecto Francisco de Cubas —más conocido como el marqués de Cubas— trazó los primeros planos para una iglesia. La iniciativa contó con el apoyo de la reina María de las Mercedes, esposa de Alfonso XII, aunque ella nunca vería culminado este sueño. En su origen, iba a servir como panteón para la reina, cuya muerte inesperada a los seis meses de casarse había causado una enorme conmoción en Madrid. Tras su muerte en 1878 fue enterrada provisionalmente en la capilla de San Juan del Monasterio de San Lorenzo del Escorial ya que, al no haber concebido un heredero a la corona, no podía descansar en su Panteón de Reyes.

León XIII

Aquel primer diseño seguía el estilo del gótico español del siglo XV. La primera piedra del nuevo templo se colocó en 1883. Al año siguiente, el papa León XIII creó la diócesis de Madrid —independiente de la de Toledo— y se decidió entonces que el nuevo edificio fuera la futura catedral de la ciudad. inspirada entonces en el gótico francés del siglo XIII. Pero la espera sería larga: tendría que pasar más de un siglo hasta su consagración definitiva.

En 1944 se convocó un concurso nacional para reajustar el proyecto. Los arquitectos Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro propusieron una solución que se integraba mejor en el entorno: una fachada principal de aire barroco clasicista, pero manteniendo el interior en clave neogótica. Finalmente, la Catedral fue consagrada en 1993.

 En 1948 la talla fue coronada canónicamente. Esta ceremonia, reservada en la tradición católica para imágenes con una devoción antigua y arraigada, fue todo un acontecimiento para la ciudad. Los vecinos de Madrid contribuyeron con joyas y donativos para regalar a su patrona un conjunto de fina orfebrería formado por tres piezas: una corona para la Virgen, otra para el Niño Jesús que sostiene en brazos y una aureola que enmarca ambas figuras. Las obras fueron realizadas por el orfebre madrileño Juan José García, quien dedicó tres meses al encargo, inspirándose en las coronas góticas con las que los pintores flamencos y alemanes representaban en sus vírgenes. Las piezas pueden contemplarse hoy en la exposición permanente del Museo de la Catedral.

Hoy, el entorno de la catedral es uno de los lugares más visitados de Madrid. Desde allí, la ciudad contempla el atardecer en el Campo del Moro sobre la cornisa del Palacio Real, mientras las leyendas sobre los primeras murallas de la ciudad continúan vivas, al igual que cobra cada vez más popularidad el Himno compuesto por Francisco Palazón (2005) a petición de D. Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid.

Salve Señora de tez morena
Virgen y Madre del Redentor
Santa María de la Almudena
Reina del cielo, Madre de amor.
Santa María de la Almudena…
Reina del Cielo, Madre de amor.

Tú que estuviste oculta en los muros
de este querido y viejo Madrid,
hoy resplandeces ante tu pueblo,
que te venera y espera en tí.

Bajo tu manto, Virgen sencilla,
buscan tus hijos la protección.
Tú eres patrona de nuestra Villa,
Madre amorosa, Tempo de Dios.


Catedral de la Almudena

La Virgen de la Almudena es una figura profundamente arraigada en la identidad madrileña. Su festividad se celebra cada 9 de noviembre, una jornada en la que tradición religiosa y vida urbana se entrelazan. Durante la  Fiesta de la Almudena, la ciudad se llena de ofrendas florales, misas solemnes y procesiones que recorren el entorno de la Catedral de la Almudena, junto al Palacio Real. reseña Jorge, uno de sus bordadores. La Almudena recibió su primer manto en 1640 y, hasta 1890, por decisión del cardenal Sancha, los madrileños la han conocido siempre revestida. La Virgen de la Almudena tiene casi 20 juegos de mantos, que, al ser para Virgen de camarín y, además, una talla ya vestida, se solían bordar solo por delante. «Quitando el de María Luisa de Parma, que es muy delicado, se está intentado sacar todos los mantos»,


Día de la Almudena

Durante siglos, comerciantes, artesanos, nobles y campesinos acudían al antiguo templo de Santa María para pedir protección o agradecer favores. La Virgen era invocada para asegurar cosechas, defender la ciudad en momentos de guerra y acompañar los grandes acontecimientos familiares. Con el tiempo, muchas cofradías y hermandades se fundaron en su honor, ayudando a mantener vivas las tradiciones ligadas al Día de la Almudena y otras celebraciones.

Más de un siglo después, en el año 2000, los restos de la reina María de las Mercedes serían trasladados finalmente a la Catedral, estando el panteón a los pies de la Virgen a la que tanto veneró en su corta vida.

Inés Ceballos

41 Visitas totales
30 Visitantes únicos
Si te gusta, compártelo:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *