BATALLA DE GIBRALTAR, 1607

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Bahía de Gibraltar, 25 de abril de 1607

Todavía no ha amanecido del todo en la bahía. Una bruma fina se desliza sobre el Estrecho y el limbo entre la luz y la sombra se desvanece bajo el sol de la primera hora de la mañana, tiñendo de cobre los cascos de los galeones fondeados. La brisa viene del oeste, suave y constante, un viento amigo de quien se mueve y enemigo de quien permanece anclado. Desde la borda, los marineros observan el mar sin oleaje, que parece un espejo triste, mientras comienza a correr la noticia de la llegada de velas holandesas en la boca de la bahía.

Las nubes altas se mueven deprisa en el cielo, como si huyeran hacia África, justo cuando empiezan a distinguirse mástiles enemigos recortándose contra el sol y, al poco, llega el cañoneo, el fuego, el humo y los gritos.

Entonces suena el primer grito desde proa: ¡Velas al norte! Un oficial recorre la cubierta dando órdenes, pero su voz se pierde entre el crujido de las jarcias y el rumor creciente de los cañones enemigos. Los artilleros españoles cargan y apuntan, aun sabiendo que dispararán desde la quietud contra un enemigo en movimiento.

El primer cañonazo retumba como un trueno. El eco rebota en las rocas, en las murallas y en los cascos de los barcos. Luego llega el segundo, y el tercero, y el aire se llena de humo acre, oscureciendo el cielo con el hollín de la pólvora.

El enemigo ya está dentro, con los holandeses abriéndose en abanico. El San Agustín recibe la primera andanada, las astillas vuelan como cuchillas, un mástil cruje y los marineros mueren en medio del caos.

El día, que comenzó con silencio, se ha convertido en un infierno de humo y llamas, y mientras los holandeses avanzan, seguros y veloces, los españoles resisten como pueden, aferrados a sus puestos, a sus órdenes y a su deber.

LA GUERRA DE LOS OCHENTA AÑOS

La Guerra de los Ochenta Años, iniciada en 1568, tuvo como motor original la rebelión holandesa contra la autoridad de la Monarquía Hispánica, teniendo como punto de partida la Revuelta de los Iconoclastas de 1566.

Guillemo de Orange

Tras las ejecuciones de los condes de Egmont y Horn, apareció la figura de Guillermo de Orange como líder, y los llamados Mendigos del Mar, corsarios protestantes, capturaron la ciudad de Brielle en 1572, un acontecimiento que impulsó a numerosas ciudades del norte calvinista a unirse a la revuelta, mientras el sur, mayoritariamente católico, tendía a buscar acuerdos con la corona.

El Saqueo de Amberes en 1576 por parte de tropas españolas amotinadas provocó la firma de la Pacificación de Gante, en un intento de reconciliación entre todas las provincias, pero las diferencias internas pronto resurgieron y el proyecto común se deshizo: en 1581, las provincias rebeldes proclamaron el Acta de Abjuración, negando formalmente la autoridad de Felipe II.

La intervención extranjera añadió nuevas capas al conflicto, ya que Inglaterra apoyó a los rebeldes, mientras España, bajo el mando de Alejandro Farnesio, recuperaba importantes ciudades del sur. Por aquella época se produjeron los hechos de la Armada Invencible (1588), dando la posibilidad a los rebeldes para reorganizarse: en el norte, Mauricio de Nassau llevó a cabo campañas que fueron consolidando el control neerlandés sobre amplias zonas del territorio.

Alejandro Farnesio

A comienzos del siglo XVII, la guerra experimentó un giro hacia el mar. Las Provincias Unidas desarrollaron una flota poderosa, flexible y bien entrenada, mientras España, con múltiples frentes y una economía exhausta, dejaba atrás los tiempos de supremacía naval que había caracterizado el reinado de Carlos V y los primeros años de Felipe II. Conscientes de la necesidad del dominio marítimo para asfixiar la capacidad logística y financiera de la Monarquía Hispánica, los neerlandeses atacaron rutas comerciales, hostigaron convoyes y buscaron destruir escuadras fondeadas antes de que pudieran organizarse.

En este contexto, la presencia de una importante flota española en la bahía de Gibraltar se convirtió en un objetivo estratégico de primer orden. Los veintiún barcos fondeados allí, entre ellos diez grandes galeones, representaban una fuerza considerable pero también vulnerable, pues su posición, demasiado cercana a tierra, impedía que las fortificaciones costeras les prestaran apoyo eficaz. Para los neerlandeses, destruir esa escuadra significaba golpear el prestigio naval español, debilitar su capacidad de proteger rutas y acelerar su desgaste.

Jacob van Heemskerk

Así, en la primavera de 1607, la llegada de la flota de Jacob van Heemskerk a las aguas del Estrecho marcó el preludio inmediato de una nueva batalla.

LA BATALLA DE GIBRALTAR

La escuadra española del Estrecho, mandada por Juan Álvarez de Avilés, recibió un aviso

<<Treinta y cuatro velas doblan el cabo de San Vicente; veintiséis son grandes galeones holandeses.>>

Bajo el mando de Juan Álvarez de Avilés, la flota española fondeada en la bahía contaba con 21 barcos y 10 galeones de gran porte. El buque insignia era el San Agustín, mandado por el hijo de don Juan, un galeón construido siguiendo los modelos de finales del siglo XVI: casco robusto, castillos elevados, amplia capacidad artillera y una estructura pensada para resistir travesías oceánicas y combates prolongados.

Aparte del San Agustín, las crónicas neerlandesas mencionan a Nuestra Señora de la Vega y al Madre de Dios.

<<Adam Willaerts sigue en muchos detalles las fuentes literarias contemporáneas que documentaron detalladamente aquella batalla.>> (Museo del Prado)

La documentación española directa se perdió en gran parte porque la flota fue destruida, y con ella muchos registros. Sin embargo, historiadores navales posteriores recopilaron testimonios y documentos sueltos.

<<Primera línea: cinco galeones grandes, entre ellos San Agustín, Madre de Dios, el galeón Portugués y la Campechana.

Segunda línea: otros cinco galeones acoderados (sin nombre conservado).

Además, 11 barcos menores (pataches, zabras, urcas), ninguno identificado por nombre. >>(Fuente: Todoavante)

Por su parte, la escuadra neerlandesa, al mando del experimentado Jacob van Heemskerk, estaba compuesta por 26 barcos de guerra y 4 cargueros. Su buque insignia era el Æolus, buque de tamaño medio, rápido, maniobrable, de casco ligero, poco calado, velamen amplio y bien artillado. Otros navíos destacados eran el De Tijger, De Zeehond, De Griffioen, De Roode Leeuw, De Gouden Leeuw, De Zwarte Beer, De Witte Beer o el De Ochtendster.

Ante la inminencia de la batalla, el duque de Medina‑Sidonia envió una orden inmediata: la flota debía protegerse “en fortaleza”, fondeando muy cerca de la costa para quedar bajo la cobertura de los cañones de los castillos, una decisión que no convenció a todos. En el consejo de guerra, el capitán Tomás Guerrero de la Fuente advirtió que, si los holandeses se mezclaban con los barcos españoles, los cañones de tierra no podrían disparar sin riesgo de alcanzar a los suyos. Además, recordó que los barcos españoles, más pequeños y ágiles que los grandes galeones enemigos, perderían su ventaja si permanecían anclados.

<<Si los buques enemigos atacan y se mezclan con los españoles, la artillería de las fortalezas no podrá abrir fuego. Lo mejor es fondear, pero listos para dar las velas en cuanto haya oportunidad, pues, al ser más pequeños, navegamos más rápido.>> (Guerrero de la Fuente)

Finalmente prevaleció la orden real y se formó una primera línea con los cinco galeones mayores, y una segunda línea, también de cinco, quedó acoderada detrás. De esta manera, la posición española quedó estática y vulnerable, ya que los barcos quedaban amarrados y, por su ubicación, no podían recibir apoyo de la artillería de las fortificaciones costeras.

GIBRALTAR, DIARIO DE UNA BATALLA

<<Año de 1607, la magna conjunción de Saturno y Júpiter que se hizo en el año de 1603, 24 de diciembre, sol en Capricornio, cuadrángulo de Libra, significó mucho mal a esta ciudad, pues le vino por la pérdida de la armada de Su Majestad, y grandes males que les hicieron a sus vecinos, siendo almirante Juan Álvarez de Avilés.>> (Hernández del Portillo, Historia de Gibraltar)

25 de abril de 1607, 14:00–15:00. Con el viento a favor, los 26 buques neerlandeses entran en la bahía a gran velocidad. El enemigo se lanza contra los grandes galeones de la primera línea española, especialmente la capitana San Agustín.

En el primer choque, una bala de cañón destroza la pierna de Van Heemskerk, que muere poco después. Aun así, su flota mantiene el ataque.

15:00 – 16:00. Los galeones españoles, inmóviles y sin apoyo de los fuertes, reciben fuego concentrado.

La capitana es atacada por cuatro buques holandeses a la vez, y la almiranta por otros tantos. Se producen abordajes sucesivos en ambos sentidos: los españoles llegan a contraatacar, pero la superioridad numérica neerlandesa se impone. Además, la línea de retaguardia española, demasiado cerca de tierra, apenas puede maniobrar.

16:00 – 17:00. Mueren Juan Álvarez de Avilés, el gobernador de la infantería Diego de Aguilar y Castro, y la mayoría de los oficiales. Los holandeses incendian varios galeones; otros explotan o se hunden. El San Agustín arde violentamente.

Los españoles, para evitar que los holandeses recuperen presas anteriores, queman sus propios mercantes capturados.

17:00 – 18:00. Con la noche aproximándose y temiendo el fuego de mosquete desde tierra, los holandeses se retiran tras haber cumplido su objetivo. En apenas cuatro horas, España pierde unos 20 barcos y cerca de 4.000 hombres, mientras que los neerlandeses sufren alrededor de 100 muertos y ningún barco perdido.

LA ALEGORÍA DE LA VICTORIA

Entre 1615 y 1630, el pintor neerlandés Adam Willaerts creó la Alegoría de la victoria de los holandeses sobre la flota española en Gibraltar.  La obra se conserva en el Rijksmuseum de Ámsterdam.

Alegoría de la victoria

Willaerts sitúa en primer plano una escena con un español y un neerlandés forcejeando por una barra de madera, símbolo directo del dominio marítimo, siendo el holandés quien parece imponerse sobre su adversario. A su lado, dos figuras observan la escena: un inglés y un veneciano, representantes de potencias marítimas europeas que actúan como testigos del cambio de equilibrio naval.

En el fondo del cuadro, el pintor representa la batalla con un estilo influido por el manierismo flamenco. Organizado en planos paralelos de color y con un estatismo que contrasta con la violencia del combate, se distinguen los barcos españoles amarrados en la bahía, las columnas de humo que ascienden desde los galeones incendiados y el movimiento de los navíos holandeses que penetran en la ensenada.

Lienzo de Cornelis Claesz van Wieringen,

La batalla de Gibraltar se convirtió en un motivo pictórico de enorme fuerza para los artistas de las Provincias Unidas. Entre todos destaca Cornelis Claesz van Wieringen, que en su gran lienzo para el Ayuntamiento de Haarlem transforma la batalla en un estallido de energía pura: un galeón español explota en el centro de la composición, los cuerpos de los marineros vuelan por los aires, las llamas iluminan el agua y los barcos holandeses avanzan con las velas tensas, impulsados por el viento del oeste que decide el destino del combate.

Hendrick Vroom, pionero de la pintura naval neerlandesa, no deja una obra firmada sobre Gibraltar, pero su estilo impregna varias representaciones atribuidas a su taller. Al mismo tiempo, los talleres de grabadores en Ámsterdam, Haarlem y Leiden produjeron una avalancha de imágenes destinadas a circular por toda Europa. Los grabados muestran mapas de la bahía, secuencias del ataque, retratos del almirante Jacob van Heemskerk y escenas de los galeones españoles ardiendo.

Ricardo Aller Hernández

FUENTES

*https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Gibraltar_(1607)

*https://www.todoavante.es/index.php?title=Cadiz-Gibraltar_holandeses_25_Abril_1607

* La Batalla de Gibraltar, 25 de abril 1607 – Colección – Museo Nacional del Prado

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