El error de Portugal en el Tratado de Tordesillas

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Tiende a presentarse e imaginarse la negociación que tiene lugar en Tordesillas para repartirse el mundo entre las coronas españolas (Castilla y Aragón) de un lado, y Portugal de otro, como una negociación casi inicua, en la que unos poderosísimos españoles hacen graciosas concesiones a sus humildes compañeros de Península, los cuales tienen que recurrir a mil ardides, y hasta abusar de la generosidad de sus hispánicos vecinos, para conseguir extender su área de influencia planetaria hacia el oeste, consiguiendo así, un pellizco de las nuevas tierras descubiertas por las naves enviadas hacia occidente por los Reyes Católicos.

Este planteamiento de la cuestión está trufado de errores que, sin embargo, como casi todo en la errónea historiografía del Descubrimiento, se han incrustado en ella de manera casi insuperable.

El antecedente de la cuestión es el siguiente: el Papa Alejandro VI  – un gran Papa por cierto, aunque de vida «algo» disipada – en las bulas que emite sobre la cuestión, ha establecido una línea divisoria de la Tierra que la divide en dos semiesferas, más acá de la cual su exploración y dominio corresponde a Portugal, más allá de la cual su exploración y dominio corresponde a Castilla. Línea que fija a cien leguas de la isla de Cabo Verde, el punto más occidental conocido hasta la fecha, de propiedad portuguesa. Portugal quiere trasladar la línea hacia occidente tantas leguas como sea posible. Finalmente, mediante el Tratado de Tordesillas de 1474, consigue que quede fijada en una distancia de 370 leguas más allá de Cabo Verde, ganando, por lo tanto, 270 leguas respecto de lo dictado por Alejandro VI.

Establecidas estas premisas de partida cabe hacerse tres preguntas: ¿Es Portugal el patito feo de la negociación?; ¿A qué el empeño portugués en trasladar la línea hacia occidente?, y ¿Acertó Portugal al hacerlo?.

A la primera pregunta se ha de responder que Portugal en modo alguno es un reino desvalido, que acude a la negociación acomplejado ante su gran vecino oriental, muchísimo más poderoso que él.

Bien al contrario, Portugal ha terminado su Reconquista hace ya dos siglos y medio, en 1249, y desde ese momento, se desentiende de la misma y vuelca sus esfuerzos en conquistar los mares y descubrir una nueva ruta hacia el sur, cruzando África, que le conduzca a los riquísimos mercados orientales de la seda, la porcelana y las especias, alternativa a la que pasa por Constantinopla y cruza Asia de norte a sur. Gracias a sus navegantes, entre los cuales Enrique el Navegante y a la famosa Escuela Náutica de Sagres, ha hecho notables avances, está muy cerca, para cuando se firma Tordesillas en 1494, de llegar a la gran isla de las especias que son las Molucas, y desde 1476 tiene el monopolio del negocio más lucrativo que existe en el momento: el tráfico y venta de los esclavos negros africanos. Su marina, en consecuencia, es bastante más poderosa y experimentada que la castellana, que se inicia en estos grandes proyectos marítimos con la expedición colombino-pinzona que descubre América.

Un repaso a los últimos conflictos bélicos entre Portugal y Castilla anteriores a Tordesillas no permite sino abundar en esta idea de superioridad portuguesa. Ahí están para demostrarlo la importante victoria lusa de Aljubarrota en 1385; el Tratado de Alcaçovas de 1475 que, en pago de reconocer como reina de Castilla a Isabel, sella definitivamente la hegemonía portuguesa en el Atlántico, o la gran victoria portuguesa de 1478 en la batalla naval de Guinea, que representará para Portugal, además de la victoria, un fabuloso botín en oro proveniente de África.

Contestada la primera pregunta, pasemos ahora a la segunda: el empeño portugués en trasladar la línea divisoria hacia el oeste. A ella se suele responder que Portugal lo que quería en Tordesillas es su parte en el “negocio americano”. Pero se olvida con ligereza que cuando en 1494 se firma el famoso Tratado, todavía faltan algunos años – entre seis en el mejor de los casos (1500 mapa de Juan de la Cosa) y diez en el peor (1504 la obra “Novus Mundus”, seguida de su plasmación cartográfica en 1507 con el «Universalis Cosmographiae» de Waldsemüller) – para empezar a sospechar que las tierras descubiertas no son las costas orientales de Asia, sino todo un nuevo continente.

No sólo eso, sino que después de negociar a cara de perro el traslado de la línea hacia occidente, nada menos que doscientas setenta leguas, Portugal se desentiende completamente de la exploración de las aguas cuya jurisdicción ha conseguido. Brasil, de hecho, no lo descubren los portugueses, sino dos expediciones españolas, la de Vicente Yáñez en enero de 1500, y la de Diego de Lepe en febrero del mismo año. El primer barco portugués que llega por fin a las costas brasileñas lo hace un mes después todavía, en marzo de 1500, y lo que es más grande… ¡¡¡lo hace por error!!! Se trata de Pedro Albares Cabral, que se dirigía en realidad, caboteando la costa de África como siempre, hacia las Indias y las islas de las especias, por la ruta bien conocida ya por los portugueses y descubierta por Vasco Da Gama. Sólo que unos vientos le separan de su objetivo y le trasladan inexorablemente hacia América. Una expedición que no va a hacer el menor intento de asentamiento, que va a regresar a Portugal sin más, y que no vendrá continuada por una segunda… ¡hasta treinta años después!

La verdadera pretensión de Portugal, pues, al trasladar la línea hacia occidente tiene más que ver con alejar a la prometedoramente potente marina castellana de lo que son sus feudos marítimos en la costa africana y su ruta hacia las especias, que con un verdadero interés en una América cuya existencia, cuando se negocia Tordesillas, ni siquiera es sospechada.

Y toca ahora responder a la tercera pregunta: ¿de verdad acertó Portugal cuando impuso sus pretensiones en Tordesillas frente a los reinos peninsulares orientales que son sus vecinos españoles? Pues bien, no. Cometió un craso error, porque al trasladar la línea hacia occidente tantas leguas (doscientas setenta como hemos visto), la estaba corriendo también en el antemeridiano del globo terrestre, es decir, en la otra parte de la tierra, un yerro que habrá de girarle una cara factura a no pasar tanto tiempo.

Las Molucas españolas

Y así, cuando culminando la expedición Magallanes-Elcano, el gran marino de Guetaria llega a las Molucas en 1521, los españoles empiezan a percatarse de que las famosas y riquísimas islas de la especiería, las Molucas, son, en realidad, suyas, porque así lo establece Tordesillas. No lo habrían sido con la línea marcada por Alejandro VI, pero sí lo son con la renegociada en Tordesillas.

La conveniencia de alcanzar un acuerdo rápido y pacífico, sin coste militar, y la premura del César Carlos en obtener fondos con los que financiar su carísima política exterior en defensa del catolicismo en Europa, le llevará a aceptar una solución no solo amistosa, sino nada mala para sus intereses, vendiendo “sus» islas, las riquísimas Molucas, a la no menos rica Corona portuguesa por la fabulosa cantidad de 350.000 escudos de oro, solución que es la que se alcanza en 1529 mediante el Acuerdo de Zaragoza en cuyo documento inicial leemos:

“Es acordado y asentado que el dicho Señor Emperador y Rey de Castilla da, en empeño y venta de retrovendendo, al dicho Señor Rey de Portugal, el derecho que tiene a las Islas de Maluco y a la contratación y comercio en las otras islas y tierras comarcanas que están y se incluyen dentro de la línea que se ha de echar por la forma y manera que de yuso será declarado, por precio y cuantía de trescientos y cincuenta mil ducados de oro”.

Por cierto, venta de retrovendendo, que quiere decir que si en algún momento Carlos I deseara recuperar las islas, “sus” islas, podría hacerlo sin más que devolver lo recibido en pago de ellas.

En el documento definitivo la expresión “el derecho que tiene” será sustituida por “el derecho que dice tener”, concesión final al Rey de Portugal que no obsta para que éste pague el precio estipulado, ni para que la venta deje de ser en retrovendendo. Un negocio que,  por si todo ello fuera poco, la historia se encargará de hacer aún más suculento cuando con la unión de ambas coronas, la española y la portuguesa, en 1580, sobre la testa de Felipe II, tornen a la soberanía de los Habsburgo españoles las apreciadas islas especieras de las Molucas.

Nada tiene de casual que, percatados los portugueses en Zaragoza del pésimo negocio que habían realizado en Tordesillas trasladando la línea, un verdadero “tiro en el zapato” como acostumbra a decirse, sea entonces cuando “se acuerdan” de sus derechos sobre el ahora sí bien conocido Nuevo Mundo. Como tampoco es casual que, sólo un año después de Zaragoza, en 1530, envíen, por fin, una segunda expedición al Brasil, la primera que va por voluntad propia y no de los caprichosos vientos, ésta sí con una finalidad clara de establecimiento: se trata de la que manda Martín Alonso de Sousa, cuatro barcos y unos cuatrocientos hombres, la cual funda la primera ciudad portuguesa en el Nuevo Mundo, San Vicente, la actual Santos.

Jesús Caraballo

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5 thoughts on “El error de Portugal en el Tratado de Tordesillas”

  1. Portugal ganó.
    Cuando se realiza el tratado de Tordesillas la cartografía del mundo que se manejaba se basaba en el mapa de Ptolomeo, con algunos agregados de Martellus tomados de las descripciones de Marco Polo. Pero estamos hablando de una circunstancia terrestre de apenas 30.000 kilómetros. Una cuarte parte menor que la real.
    El antimeridiano de la línea de Tordesillas habría incluido en la zona castellana buena parte del oriente asiático.
    Por otro lado, fijar el meridiano del tratado era entonces pura fantasía. Podemos observar la línea apenas cortando el extremo oriental de Brasil, en el mapa de Juan de la Cosa de 1500, mientras que en el de Cantino, de pocos años después, basado en cartografía portuguesa, penetra ostensiblemente en el continente.
    Portugal era en aquel momento la mayor potencia marítima del mundo y sus navegantes conocían bien los vientos favorables para la navegación oceánica en el Atlántico: las denominadas «voltas do Mar».
    Cualquier regatistas oceánico sabe que para doblar el cabo de Buena Esperanza hay que navegar al suroeste hasta casi rozar Brasil, donde se toma rumbo sureste. Esta ruta de viento la conocen las aves desde mucho antes que el hombre. Por eso la utilizan en sus migraciones.
    Portugal ganó con el tratado de Tordesillas que esa gran «volta do Mar» quedará dentro de sus dominios.

  2. Excelente el artículo del Sr. Caraballo y al mismo tenor el comentario del Sr. Olive Torrents. en cuanto al del Sr. Pereira he de confesarque no soy capaz de juzgar el aspecto geográfico dada la extensión del archipiélago, pero el hecho de que la corona portuguesa se aviniese a su compra en el Tratado de Zaragoza parece un reconocimiento bastante explícito de la soberanía de la castellana.
    A todos ustedes agradezco una «conversación» tan profunda y, para mí, ilustrativa.

  3. Magnífico artículo de Sr. Caraballo.
    Estoy de acuerdo en que Portugal tenía mayor poptencial económico, comercial y científico que el Reino de Castilla o la Corona de Aragón. Desde 1416, creando la Escuela de Sagrés, empezó a invertir para convertirse en la primera potencia marítima.
    Referente al Tratado de Tordesillas, cuyo mapa encabeza el artículo, indicar que Cristóbal Colón propuso a los R.R.C.C. una línea, llamada «raya de Colón» que pasase por Cabo Verde. Alejandro VI, más amigo de Portugal, al no haber permitido los R.R.C.C. que lo nombrasen arzobispo de Sevilla por «ser extranjero no nacido en el Reino de Castilla» y si ser el «XX obispo de Mallorca» donde no era extranjero, en la bula Inter Caetera desplazó la «raya de Colón» a 100 leguas lo propuesto por Colón, a través de los R.R.C.C., al Papa. Portugal, más conocedor de la geografía, consiguió llegar a las 370 leguas de lo propuesto por Colón.
    Referente a quién benefició el Tratado de Totdesillas hay opiniones opuestas; A) Con la «raya de Colón» o la de Alejandro VI Brasil hubiera sio español. B) Con el Tratado de Tordesillas las Islas Molucas eran de Castilla.
    Sobre el comentario del Sr. Pereira no puedo estar de acuerdo, Magallanes no se equivocó al informar al Rey de Portugal de que las Islas de las Especias estaban en territorio español por el Tratado de Tordesillas.
    Magallanes, noble capitán, era una persona muy inteligente y muy bien formado científicamente por la Escuela de Navegación Portuguesa con sede en Lisboa, heredera cinetifica de la Escuela de Sagrés, heredera, a su vez , de la Escuela de Cartografía Mallorquina cuyo cartógrafo Mestre Jacome de Mallorca organizó y dirigió la Escuela de Sagrés.
    La venida de Fernando de Magallanes y Ruy Falero, a España, fue debido a haber caído en desgracia ante el Rey de Portugal por haber realizado el informe, para el Rey de Portugal, en el que indicaba en que zona estaban dichas islas. El Rey de Portugal lo degrado y no permitió que volviese a navegar. Lo anterior los motivo a presentar un plan, para ir a las Islas de las Especias por la ruta de poniente- ruta de Colón- , a Carlos I quién se entusiasmo y apoyo, sin fisuras, a Magallanes.
    l

  4. Muy interesante el artículo Jesús, como todos los qué escribes. Grande la HISTORIA DE ESPAÑA y cada vez menos conocida pora desgracia de los ESPAÑOLES.

  5. Felicito a D. Jesus Carballo por su articulo tan interesante. Sin embargo se me hace dificil considerar que hubo un error por parte de los portugueses, porque las islas Molucas y de Banda, así como Filipinas, están ubicadas a menos de 130 grados al este del meridiano de Greenwich, lo mismo es decir, dentro de la zona reservado a Portugal en termos geograficos modernos. El error fue de Magalhães y la corona española quiso hacer valer un derecho que no tenía, lo supiera o no. Saludos cordiales. NM Pereira

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