FRANCISCO DE ULLOA Y EL MAR DE CORTÉS

Si te gusta, compártelo:
Francisco de Ulloa

Bahía Sebastián Vizcaíno, México.

«Con una línea costera de unos 480 km, la bahía de Sebastián Vizcaíno es una de las más grandes del Pacífico. Actualmente, sus riberas pertenecen a los Estados mexicanos de Baja California y Baja California Sur. El descubrimiento de la bahia en 1539 se debe al navegante español Francisco de Ulloa, aunque más tarde sería renombrada por su compatriota Sebastián Vizcaíno…».

         Bajo un sol abrasador, el barco turístico que recorre diariamente la bahía lleva veinte minutos de navegación mientras desde el megáfono se escucha la repetitiva explicación de la bahía que el timonel ha escuchado tantas veces que ya se la sabe de memoria. Con este son ya 200 excursiones llevando los mandos de la embarcación, que no son muchas ni pocas, pero sí las suficientes para que la monotonía impregne cada gesto, cada ola, cada viraje. Como contraste, el chamaco que acaban de contratar para labores de intendencia permanece a su lado sin moverse, muy atento a todo lo que dice el guía desde la cabina de mando.

«En la parte norte está la isla de Cedros, la más grande de la bahía, donde hay muchos elefantes marinos y ballenas grises…»

Todo transcurre con normalidad rutinaria: tiempo bonancible y mar calma, todavía ajena al suave viento de noroeste que se está levantando tras las sierras de Yubay, Calmalli y Vizcaíno. La cubierta está atestada de turistas con sus móviles preparados para hacer fotos, así que el timonel ordena al chamaco que suba y ofrezca refrescos a ver si pueden sacar unos pesos de más.

«La punta estrecha de Baja California está recorrida por tres sierras que convierten el lugar en una zona de difícil acceso. Existe una leyenda que dice que Ulloa murió en estas aguas…»

         La rutina es tan espesa y aplastante que hasta las sensaciones se repiten una y otra vez. Ahora el guía está narrando la leyenda que asegura que la bahía custodia el alma errante de Francisco de Ulloa, el español que costeó por primera vez la totalidad del perímetro de California, y como cada vez que la escucha algo se remueve en el interior del timonel. Una especie de empatía, se dice, o de solidaria compasión con aquel que se dejó la vida en esas aguas.

Está en ese pensamiento cuando comienza a ulular el viento de forma más violenta, atronando el eco de un gemido entre las sierras: Uuuu-lloooa, parece decir, Uuu-lloooa.

Es entonces cuando amaga una mueca el timonel. Quizás después de todo, se dice con tristeza, el fantasma del navegante español no sea el único errante en aquellas aguas.

EL PERSONAJE.

De Francisco de Ulloa se desconoce su lugar y fecha de nacimiento. Lo que sí se tiene por cierto es que era hijo de un oficial del Ejército de Carlos V, que siguió la carrera militar, que combatió en Argel y que participó en las expediciones a California organizadas por Hernán Cortés en 1535 y 1539, viajes en los que el conquistador trató de establecer una colonia en la bahía de la Paz, en la Baja California, y que nombró como bahía de la Santa Cruz. Más dudas existen de su participación en otros dos viajes a esta zona que Cortés, en calidad de capitán general y adelantado de la Mar del Sur (océano Pacífico), había organizado anteriormente: los de 1532 con Hurtado de Mendoza al frente, y 1533, bajo el mando de Diego Becerra.

Atraído por la riqueza perlífera de la península de California (aunque por aquel entonces se creía que era una isla), y buscando el llamado estrecho de Anián, del que se creía comunicaba el océano Atlántico con el Pacífico, Cortés organizó una partida de familias enteras con el objetivo de colonizar el noroeste Tal fue el poder de convocatoria del conquistador que las tres naves resultaron insuficientes para transportar a todos los voluntarios, entre los que se encontraba Francisco de Ulloa en calidad de capitán y teniente de gobernador.

El 5 de abril de 1535, los barcos Santa Águeda, San Lázaro y Santo Tomás zarparon del puerto de Chiametla, llegando el 3 de mayo al sur de la Baja California, donde Cortés fundó una colonia a la que puso el nombre de Bahía de la Santa Cruz (actual La Paz).

Aquel lugar era inhóspito: la aridez del suelo y la falta de aprovisionamiento dieron lugar al hambre y a enfermedades, obligando a Cortés a marchar a Acapulco con objeto de preparar allí una armada. Al partir, dejó a Francisco de Ulloa al frente de la colonia, donde permanecería allí casi dos años, hasta que en 1537 el virrey de México, Antonio de Mendoza y Pacheco, ordenó el abandono de la colonia y el regreso de todos sus pobladores.

Aquel sería el primero de una serie de intentos frustrados de establecer una colonia permanente en California. Pero Cortés no se arredró y tras tres intentos fallidos empezó con los preparativos de otro viaje de exploración, esta vez comandado por Francisco de Ulloa.

1539. La expedición, compuesta por los buques Santo Tomás, Santa Águeda, donde iba Ulloa, y Trinidad partió del puerto de Acapulco el 8 de julio y al poco de zarpar comenzaron los problemas en la navegación: Antes de llegar a la desembocadura del río Santiago los fuertes vientos y las corrientes hicieron que el Santa Águeda se averiase, no pudiendo hacerse a la mar hasta el 23 de agosto. Cuatro días después, cuando las embarcaciones navegaban a la altura de las islas Marías, enfrente del actual estado mexicano de Nayarit, el navío Santo Tomás naufragó a consecuencia de un temporal y tuvo que ser abandonado.

Las otras dos embarcaciones continuaron viaje recorriendo el golfo de California. Una vez allí, los expedicionarios navegaron frente a las costas de Sinaloa y Sonora y visitaron la abandonada colonia de Santa Cruz. De allí se dirigieron hacia el extremo norte, alcanzando el 28 de septiembre la desembocadura del río Colorado, a la que Ulloa puso el nombre de Ancón de San Andrés.

Yo Pedro de Palenzia, escribano público desta armada, doy fe e verdadero testimonio a todos los señores que la presente vieren, a quienes Dios nuestro señor guarde de mal, como en veinte e ocho días del mes de septiembre de mil e quinientos e treinta e nueve años, el muy magnífico señor Francisco de Ulloa, teniente de gobernador y capitán desta armada por el ilustrísimo señor Marqués del Valle de Guajaca, tomó posesión en el ancón de San Andrés y mar bermeja, que es en la costa desta Nueva España hazia el Norte, que está en altura de treinta y tres grados y medio, por el dicho Sr. Marqués del Valle en nombre del Emperador nuestro rey de Castilla, actual y realmente, poniendo mano a la espada, diziendo que si abía alguna persona que se lo contradijese, que él estaba presto para se lo defender, cortando con ella árboles, arrancando yerbas, meneando piedras de una parte a otra, y sacando agua de la mar; todo en señal de posesión..

Testigos que fueron presentes a lo que dicho es los reverendos padres del señor San Francisco, el padre Fray Raymundo, el padre fray Antonio de Mena, Francisco de Terrazas, veedor Diego de Haro, Gabriel Márquez. Fecho día mes y año susodicho. E yo Pedro de Palenzia, escribano público desta armada, le escribí según ante mi pasó; por ende fize aquí este signo mío, que es tal, en testimonio de verdad.- Pedro de Palencia, escribano público. Frater Ramundus Alilius, Frater Antonius de Mena, – Gabriel Márquez. – Diego de Haro. – Francisco de Terrazas.

Tras desembarcar y apropiarse esos territorios, Francisco de Ulloa ordenó el regreso a Santa Cruz. La expedición arribó el 18 de octubre, un mes y veinticinco días después de la partida desde ese mismo punto, un tiempo escaso teniendo en cuenta las demoras debidas a los reconocimientos costeros, los vientos contrarios, las fuertes corrientes y el problema de abrirse paso a través de rutas que todavía no habían sido cartografiadas.

Una vez tomada posesión de las tierras del extremo norte del Mar Bermeja —nombre que le dieron por la coloración rojiza de sus aguas, que se teñían con las procedentes del río Colorado—, los españoles iniciaron el regreso al poblado de la Santa Cruz. Desde este punto, los expedicionarios costearon hasta doblar el cabo de San Lucas, en el extremo meridional de la península de California, para entrar a continuación en el océano Pacífico, navegar hacia el noroeste y explorar la costa occidental de la península. Pasaron por la bahía de Magdalena el 5 de diciembre sin entrar en ella por estar herido Ulloa, a causa de una escaramuza que sostuvo con los nativos y el 14 de enero de 1540 descubrieron la isla a la que llamaron de los Cedros, situada a 28.º de latitud norte. En esta isla permanecieron tres meses a la espera de que mejorase el clima, después siguieron subiendo hasta llegar a la Punta del Engaño y de ahí navegaron hacia San Diego para regresar a La Paz.

Desde La Paz la expedición zarpó nuevamente hacia la isla de Cedros, desde donde, el 5 de abril de 1540, Ulloa escribió una carta a Cortés que, junto con una relación de todo lo acaecido en la exploración, envió en la nave Santa Águeda.

He decidido seguir en el Trinidad con las pocas provisiones y hombres, si Dios me otorga buen tiempo, tan lejos como pueda y el viento lo permita, y enviar este barco (el Santa Águeda) y estos hombres a la Nueva España con este informe, Dios quiera que el desenlace sea el que Su Señoría desea (…) beso la mano de Su Señoría. (Francisco de Ulloa)

El Santa Águeda arribó al puerto de Colima el 18 de septiembre. Mientras, el Trinidad se perdería en la mar, frente a las costas de California o Nayarit. Existe una leyenda que asegura que Ulloa y su tripulación murieron en un lugar inaccesible entre las montañas de la bahía de Sebastián Vizcaíno, y que cuando sopla el viento del este  entre las sierras se puede escuchar cómo el aire gime el nombre del ilustre navegante.

Más allá de las leyendas, lo cierto es que nunca más se supo de Ulloa ni de los hombres que le acompañaban, a excepción del piloto Pablo Salvador Hernández, quien consiguió regresar a Acapulco en un bote después de varios meses de navegación y declaró bajo juramento haber abandonado el Trinidad en agosto de 1540 por haber muerto su tripulación.

Embarcándose en un bote, dice haber bogado hasta Acapulco,¡un viaje de casi dos mil millas marinas! El Dr.J. J. Markey de Oceanside, pueblo situado unos 60 kilómetros al norte de San Diego, California, basándose en las direcciones de Hernández y en un mapa adjunto, logró en 1957 encontrar enterrado un zurrón de cuero con casi dos mil monedas españolas, seis esqueletos y una calavera de raza europea que el departamento de Antropología de la Universidad de California en Los Ángeles determinó tener por lo menos, 400 años. Estos hechos parecen confirmar que Ulloa fue el descubridor de Alta California. (Carlos López Urrutia).

UN HITO HISTÓRICO

Los viajes de Francisco de Ulloa constituyeron un importante hito geográfico. Cruzó dos veces el golfo de California, cuyas aguas bautizó con el nombre de mar de Cortés en honor al organizador del viaje, y fue el primer navegante europeo que costeó totalmente el perímetro de la Baja California, demostrando así su peninsularidad y terminando con la creencia de que el lugar era una isla, como se pensaba desde el primer descubrimiento de esas tierras por Fortún Jiménez y el propio Hernán Cortés. También fue el primero en alcanzar latitudes tan al norte, como la de San Diego, constituyéndose así en el descubridor de la Alta California.

Alcanzó al delta o desembocadura del río Colorado, al cual nombraron Ancón de San Andrés, dobló el cabo San Lucas y recorrió el litoral del océano Pacífico hasta llegar a isla de Cedros en el actual estado de Baja California, siendo el primer europeo en llegar allí.

Una barranca de un río que fue imposible por una parte, ni otra, hallarle bajada para caballo, ni aun a pie, sino por una parte muy trabajosa, por donde tenía casi dos leguas de bajada. Estaba la barranca tan acantilada de peñas que apenas podían ver el río, el cual, aunque es, según dicen, tanto o mucho mayor que el de Sevilla, desde arriba aparecía un arroyo. (Capitán Jaramillo, 1540, durante el descubrimiento del rio Colorado).

Todos estos descubrimientos fueron puntualmente reseñados por Ulloa en su diario de viaje, mientras que el cartógrafo que lo acompañaba, Domingo del Castillo, levantaba los primeros mapas de California. Que serían utilizados por futuros exploradores, como Hernando de Alarcón.

Actualmente el golfo de California, o mar de Cortés, es una extensión del océano Pacífico y se ubica entre la península de Baja California y los Estados de Sonora y Sinaloa, en el noroeste de México. Tiene una longitud de 1.126 km, su anchura varía entre los 48 y 241 kilómetros. Y en su extremo norte se encuentra la desembocadura del río Colorado. Las mareas de este golfo, de las mayores del planeta, sus abismos, su gran diversidad biológica y sus aguas cristalinas, impulsaron al oceanógrafo Jacques-Yves Cousteau a llamar a este lugar “el acuario del mundo”.

El mar de Cortés está ubicado entre los estados de Sonora y Sinaloa, en el noroeste de México. Tiene una longitud de 1.126 km, su anchura varía entre los 48 y 241 kilómetros. Y en su extremo norte se encuentra la desembocadura del río Colorado. Las mareas de este golfo, una de las mayores del planeta, sus abismos diversidad biológica y sus aguas cristalinas, impulsaron al oceanógrafo Jacques-Yves Cousteau a llamar a este lugar “el acuario del mundo”.

A 200 kilómetros al sur de la ciudad de Mexicali, capital del estado de Baja California, se encuentra el pequeño puerto de San Felipe, en la región septentrional del golfo. Este sitio, fundado por Francisco de Ulloa en 1539, es uno de los muchos legados que dejó el insigne navegante en estas islas, que el 15 de julio de 2005 fueron declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Ricardo Aller Hernández

BIBLIOGRAFÍA

*A. del Portillo,Descubrimiento y exploraciones en las costas de California 1532-1650, Madrid, Rialp, 1982.

*Cristina González Hernández. Francisco de Ulloa. dbe.rah.es/biografias/18092/francisco-ulloa.

*valeriaardante.blogspot.com/2016/11/francisco-de-ulloa-olvidado-navegante-y.html.

Si te gusta, compártelo:

1 thought on “FRANCISCO DE ULLOA Y EL MAR DE CORTÉS”

  1. Para los que lo desconozcan artículos como éste precisan de una investigación minuciosa. Yo desconocía la existencia del mar de Cortés y, por supuesto,, la figura de Ulloa. Ojalá nuestra juventud conociera nuestra brillante historia, la valentía y arrojo de muchos de nuestros antepasados. Gracias por el artículo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *