
FRANCISCO SALZILLO, LAS MANOS DE DIOS
Su singular agilidad y destreza testifica de un modo irrefragable su infatigable y no interrumpida aplicación. Luis Santiago Bado. Los tañidos procedentes de la iglesia de Nuestro Padre Jesús resuenan en la calle, acompañando a las campanas de los auroros que, siguiendo una tradición ya centenaria, se reúnen la tarde del Jueves Santo para cantar salves de pasión frente al Museo Salzillo, cuya sala de conservación se ve invadida por el olor a azahar, el canto ronco de los huertanos y la luz vespertina. Pura primavera murciana, piensa el restaurador. Tal y como lleva haciendo durante los últimos veinte años,
