
DIEGO DE OSPINA
16 de mayo de 1607 Amanece en San Lorenzo de Maitó. Soy Diego de Ospina, capitán de esta diminuta guarnición de veinte hombres. El aire frío de la cordillera corta la piel, y el humo de la fogata encendida en el páramo de Bulica aún se eleva como un presagio del futuro que aguarda a Diego de Ospina y la escasa guarnición de veinte hombres que deben defender la plaza. Apostados en sus posiciones, los hombres del llamado Rey Chico aguardan la batalla con inquietud. Los pijaos les superan en número y lo único que los aleja de una muerte
