
MANUEL DE MONTIANO
Año 1687. Un grupo de personas, hombres, mujeres, niños, llega a San Agustín, la capital de la Florida española, y piden socorro al Gobernador. Vienen embarrados, andrajosos, desmoronados, tras pavorosas jornadas atravesando ciénagas, bosques y ríos, caminando de noche y encubriéndose de día. Son esclavos negros, condenados a una existencia penosa en alguna de las plantaciones inglesas de algodón de Carolina del Sur, y han logrado burlar la vigilancia de guardianes y perros, hasta llegar a La Florida española, donde suplican asilo. El Gobernador lo concede, además de un trabajo retribuido en la construcción de la imponente fortaleza de San
