
La muerte de un santo, Fernando III
La atención que estas páginas viene dedicando al rey de Castilla y León, Fernando III, el rey santo, es del todo punto merecida no tanto por la humilde opinión sino por la de eminencias como Menéndez y Pelayo, cuando se expresa; “El tránsito de San Fernando oscureció y dejó pequeñas todas las grandezas de su vida”. O cuando añade: “Tal fue la vida exterior del más grande de los reyes de Castilla: de la vida interior ¿quién podría hablar dignamente sino los ángeles, que fueron testigos de sus espirituales coloquios y de aquellos éxtasis y arrobos que tantas veces precedieron
