
Juan de Austria, en su infancia
Aquel paje a quién llamaban Jerónimo se hallaba en presencia de un hombre, anciano ya, ricamente vestido, sentado en una silla alta que gozaba de un soporte de metal añadido al asiento, sobre el cual el caballero reposaba su pierna derecha, completamente extendida. Aquel caballero le hablaba con voz entrecortada, le preguntaba sobre su vida, sobre los cuidados recibidos de su “padre”, don Luis de Quijada. El chico, respondía según su saber, sin comprender por qué su “padre”, con un nutrido séquito, le había conducido a las dependencias del monasterio de Yuste, desplazándose desde el pueblo de Cuacos de Yuste
