
El Rey lobo
Cada sol tiene su ocaso (لِكُلّ شمْس مغْرِب) Castillejo de Munt.güd. 1165 El ulular del viento parece susurrar al oído esas palabras una y otra vez a Muhammad Ibn Mardanish mientras pasea por los jardines del castillo, un vergel desde donde se puede abarcar toda la ciudad de Mursiya, que ha amanecido recubierto por brillantes perlas del rocío de la mañana, ofreciendo un aspecto tan melancólico como los propios pensamientos del Rey Lobo. A la espera de una orden suya, a la altura de una fuente ricamente decorada flanqueada por frondosos setos de arrayán, cinco hombres aguardan la decisión de
