
DIOS Y SUS SOLDADOS DE PLUMA Y PAPEL
París, 3 de octubre de 1940 Llueve en la calle de la Pompe, número 51, bis, a una media hora de la Torre Eiffel, dejando en penumbra la iglesia de la Misión Católica Española de París. Acodado en la ventana de su celda, Joaquín Aller, misionero claretiano, mira por la ventana, cauto. Lleva así una media hora, soportando el relente de la noche, hasta que por fin adivina entre la oscuridad cuatro bultos que se mueven despacio por la pared hasta la puerta lateral del convento. Suspirando de alivio, el hombre de Dios cierra la ventana, se santigua frente al
