El desastre del 98

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Entiendo que el conocido como “desastre del 98” debe ser recalificado como “la gran traición del 98”.

Gran traición… ¿por parte de quién?

Y aquí viene la gran traca. Traición por parte de la monarquía; traición por parte del gobierno; traición por parte de altos cargos de la marina y del ejército; traición de los periodistas; traición del gran capital, que como es el caso de la Compañía Transatlántica hizo el agosto con el falso embarque de tropas y el suculento precio del pasaje.

Pero la traición manifiesta en los acontecimientos de 1898 no se circunscribe a 1898… ni tan siquiera a los inmediatos años anteriores. La traición, que es muy anterior, podemos centrarla, tan sólo con la idea de acotar, porque realmente es anterior, a partir de 1808.

Y es que da la sensación de que España pierde su esencia en el siglo XIX, con la conocida como guerra de la independencia. No sólo es que económicamente quede anulada, sino que, y lo que es más importante, cambia su forma de actuar. Así, el estatuto real del 34 y la Constitución del 37 convierten en colonias  lo que hasta entonces habían sido provincias… Y más,  Isabel II se convierte en accionista de empresas esclavistas.  ¿Esto es muestra de la influencia británica? …

Es una falacia y un insulto a la inteligencia llamar “guerra de la independencia” a la revuelta del dos de Mayo. Yo la llamo guerra franco-británica para dominación de España, porque si bien es cierto que el pueblo español se levantó en armas porque las tropas francesas habían invadido el territorio, no es menos cierto que el arribo del ejército británico no representó una ayuda a España, sino que sencillamente llegó con la intención de expulsar a los franceses para quedarse ellos con la colonia.

España estaba sentenciada tanto si ganaba la guerra como si la perdía. Es más, España no combatió la guerra. Los españoles sí, pero sin saber a quién servían.

Y finalizada la guerra, se dio lugar a un estado sometido a unos gobiernos que legislaban de una forma contraria a la legislación generada siglos antes. Cierto que la misma ya venía siendo modificada a menor escala desde el advenimiento de la monarquía borbónica en 1700, pero lo acontecido desde  1808 puede entenderse como la segunda parte de la Guerra de Sucesión. El perfeccionamiento de la destrucción de España.

Habrá quien afirme que estoy uniendo hechos separados en el tiempo, pero son hechos que tienen una continuidad, y lo que es incuestionable es que la caída de un gigante no se produce en un siglo. Son necesarias unas actuaciones dilatadas en el tiempo, y esas actuaciones habían sido llevadas a lo largo de todo el siglo XVIII por parte de la Ilustración,  que en ese periodo había sido capaz de controlar todo el orden social, económico y político de España.

En una labor titánica, equiparable en intensidad a la desarrollada por España en los siglos anteriores,  la Ilustración logró generalizar, entre otros asuntos, el analfabetismo, siendo que  a principios del siglo XIX alcanzaba al 80% de la población… Habrá que realizar estudios al respecto… y en ello estamos, porque resulta extraño ese porcentaje de analfabetismo en un pueblo que, en siglos anteriores daba formación latinista a los indios de América.

Y lo curioso es que el retroceso educativo estaba basado en proclamas que prometían justo lo contrario de lo actuado. Curioso… o no tan curioso si tenemos en cuenta que padres de la Ilustración, como Diderot o Melenchon señalan abiertamente que la mentira es una virtud.

Una mentira que, entre otras cuestiones, y contrariando todo un cuerpo legislativo de siglos,  convirtió en colonias lo que siempre habían sido provincias. Una clara muestra de la dominación británica, que es completa desde 1808, incluso durante el reinado del incalificable Fernando VII, de quien podemos afirmar que nunca sabremos a quién servía.

¡Los monarcas españoles se habían convertido en accionistas de empresas esclavistas!…  a imagen y semejanza de lo que había sido la monarquía británica… y justamente lo hacían en unos momentos que Inglaterra, no nos engañemos, sólo por intereses económicos, perseguía el tráfico de esclavos y utilizaba la flota que antes transportaba africanos para transportar a sus propios súbditos, a las colonias de Austrania y Nueva Zelanda.

Estamos alejados del final de siglo, que es nuestro objetivo, pero todo edificio tiene sus cimientos.

La argamasa del edificio paso a detallarla ahora.

La masonería se había implantado tanto en la península como en el resto de las Españas. Ella fue la principal arma utilizada en la destrucción de España en el continente americano, y ella sería la responsable de culminar la gran traición del 98.

Jose Martí, Rizal,… y todas las élites políticas y militares de la Península  estaban minadas de la secta… ¡hasta se fundó  una logia en la sede de la inquisición!

Y es que la Masonería es la punta de lanza de la acción británica. Fue creada oficialmente en 1717; su gran maestre es el príncipe de Gales, y su objetivo, perfeccionar la propuesta para humillar a España planteada por el Foreing Office en 1711.

La masonería es actor principal del movimiento de la Ilustración, de la sumisión de las élites españolas a la misma.

Entró de tapadillo en el siglo XVIII, dando comienzo a una actividad que le hizo acaparar los más altos cargos administrativos y de la milicia, y su actividad en América y Filipinas les posibilitó conformar un elenco de personas dispuestas a afrontar con éxito la destrucción de España, que no vendría  a través de éxitos militares, sino de traición. Así nos encontramos con hechos como la sublevación de Riego, el sabotaje al submarino Peral o la derrota pactada de Cavite y de Santiago

Todos los agentes británicos formados en personas españolas de nacimiento pasarían en un momento u otro por Londres; desde Juan Pablo Viscardo hasta Bolívar o San Martín.

Pero es que, pasada ya la farsa de Ayacucho de 1824, teniendo ya controlada la economía, la política, los medios de producción… los agentes seguirían recalando necesariamente en Londres. Así, desde el pretendiente Carlos hasta el asesino de Cánovas, Angiolillo, hasta Mendizábal y Espartero, pasando por todos los que tuvieron alguna significación a lo largo del siglo XIX, curiosamente, recalaban en Londres antes de volver.

Y era raro, desde mediado el siglo XVIII, el político, militar o periodista que no tuviese relación con la masonería, siendo que ya en el siglo XVIII tuvieron actuaciones estelares como, por ejemplo, en el motín de Esquilache.

Todos ellos son los que he dado en bautizar como “agentes británicos”, en el convencimiento que, efectivamente lo eran… como lo son hoy sus sucesores.

Y esos agentes británicos son los que organizan los partidos que enfrentan a los españoles, de derechas, de izquierdas y de centro, que se muestran acordes a la hora de actuar, y lo demuestran en hechos tan relevantes como el acoso y derribo del proyecto del submarino, la sublevación de cabezas de San Juan, Ayacucho o el desastre del 98.

La sentencia sobre España estaba dictada. Había que cumplirla, y en esa tramoya, será EE. UU. el principal actor.

Durante un siglo hace constantes ofertas económicas para quedarse con Cuba y compra la Luisiana en 1803.

La situación era delicada para el gobierno, que estaba dispuesto a aceptar la oferta pero que no se atrevía por las previsibles consecuencias internas que el hecho podía provocar.

Entre tanto, el “plan B” seguía su curso; Cánovas acabó teniendo miedo o le dio un ataque de patriotismo , y fue asesinado el 8 de agosto de 1897; el 15 de febrero del 98 un autoatentado hunde el acorazado Maine en La Habana, y en marzo de ese mismo año, cuando la guerra prometida por Wiliam Randolf Hearst planeaba como un hecho consumado, los EE.UU. hacen una oferta de trescientos millones de dólares por la compra de Cuba y Puerto Rico y un millón de dólares para los miembros del gobierno español en concepto de comisiones.

Mientras tanto, el comodoro Dewey concentra su escuadra a la sombra de Inglaterra en Hong Kong, donde se encuentra anclada el 25 de febrero, mientras  otra armada usense cercaba Cuba. Era un aviso que anunciaba guerra si el gobierno español rechazaba la oferta.

La situación de los pobres políticos españoles debía ser muy triste, terriblemente acuciante. Deseaban cobrar, pero eso hubiese significado un levantamiento generalizado en la península, por lo que no quedaba otra solución que dejase a salvo los trastos de la monarquía y del gobierno. Se imponía una nueva farsa que comportaría el aniquilamiento de la flota española, procurando minimizar la muerte de los parias que habían acudido a defender el honor de España.

Y efectivamente, así sucedería. El 25 de abril los EE. UU.… ¡con efectos retroactivos al 21! Declaraban la guerra a España. Se levantaba el telón para el último acto del sainete.

Estamos ya en 1898, pero es conveniente volver la vista atrás tan sólo 14 años, cuando un personaje memorable, patriota, científico de éxito, Isaac Peral, presenta su proyecto de submarino en un momento crítico cuando Alemania pretendía ocupar las Islas Carolinas.

En 1884, el ministro Manuel de la Pezuela  dio el visto bueno y dio carácter de confidencialidad al proyecto de Peral mientras el presidente Cánovas se dedicaba a hacer chascarrillos sobre el asunto, y nunca asistió a ninguna prueba.

Con Manuel de la Pezuela el asunto estaba controlado y recibía el trato propio que merecía el asunto, pero en 1885 hubo cambio de gobierno y Pezuela fue sustituido por José Mª Beránger, masón grado 33 que no tuvo ningún reparo en violar el secreto y dar al asunto la publicidad propia de un circo.

No tardó Inglaterra en hacer público que su armada se encontraba en trámites para  la construcción de un submarino, al tiempo que el gobierno español ponía pegas señalando que el proyecto sólo conseguiría hacer renacer en el pueblo español ideas de reconquista.

Actitudes tan encontradas… O mejor, coincidentes, hicieron que un traficante internacional de armas, Basil Zhajarov, que había sido condecorado varias veces por los británicos, que lo habían titulado Sir, en 1886 trasladase su residencia a España con un objetivo claro: conseguir los planos del submarino Peral.

El soborno, que por lo visto manejaba a la perfección, le permitió hasta nada menos que abordar a Peral en la puerta del despacho del ministro para hacerle una oferta económica.

Pero si la situación es propia de un sainete, el asunto iba mucho más allá.  Según relata el mismo Peral, en cierta ocasión, el traficante de la muerte, como era conocido Zhajarov, estaba escondido tras los cortinajes del mismo despacho del ministro.

Zhajarov debía ser un negociador impresionante, porque en 1888 compró la fábrica de armamento Euscalduna; una fábrica estratégica para la defensa, cuya enajenación no encontró obstáculo por parte del gobierno.

Pero si tenía potestad para esconderse tras las cortinas del despacho del ministro, ¿qué puertas podía encontrar cerradas Zaharoff?; así, el 7 de marzo de 1888, estaba en el Arsenal de La Carraca e inspeccionó el submarino en construcción… sin que Peral, lógicamente, tuviese noticia del asunto hasta después de haberse producido.

Al conocerse el hecho, el gobierno se vio obligado a hacer un entremés en la obra de teatro… echando tierra sobre el asunto… No sucedió lo mismo cuando Carlos Casado del Alisal, tras haber entregado 20.000 libras para el desarrollo de la nave fue invitado por Peral a visitarlo. En esta ocasión, Peral recibió una reprimenda.

Pero la posición de Peral era inamovible. No cedería los secretos de la nave. Entonces fue cuando el propio gobierno, mediante el ministro de marina, acosó y arrestó a Peral.

Evidentemente, el gobierno era principal actor en el acoso al proyecto del submarino; su dependencia de Inglaterra lo forzaba a ello; sin embargo, no podía liquidar el asunto de manera abrupta porque, con la propaganda que ya había hecho, el pueblo español estaba enardecido.

El gobierno no podía abortar abruptamente el proyecto,  pero…  en una visita que Peral realizó a astilleros ingleses, pudo comprobar que le habían copiado el casco. ¿De dónde había salido la información? Evidentemente, a Inglaterra sí le interesaba, y ofreció a Peral un cheque en blanco, que por supuesto fue rechazado.

Pero Beránger seguía sin poder paralizar el proyecto, por lo que se dedicó a poner pegas y posibilitar sabotajes que inexorablemente eran resueltos satisfactoriamente por Peral.

El submarino se convirtió en objeto turístico. Las pruebas eran públicas, y para desgracia de Beránger,  sus éxitos también.

Para limitar la cadena de éxitos que mostraban el submarino como arma letal, Beránger llegó a prohibir a Peral la realización del cruce del estrecho de Gibraltar en inmersión, e impuso que la demostración de su indetectabilidad fuese atendida, no por un vigía que desconocía si iba a producirse algún ataque no sabiendo de qué, como es lo normal en un buque de guerra, sino por un vigía avisado… y por una legión de curiosos de todo tipo que atestaban la cubierta del buque objeto del supuesto ataque del submarino… y efectivamente fue visto. Fue su sentencia de muerte, que se produjo sin que ningún alto cargo del gobierno hubiese asistido jamás a ninguna prueba.

Acto seguido, la inquina acumulada por el gobierno al no haber conseguido mediante soborno la sumisión de Peral provocó que, en 1890 fuese arrestado por orden del ministro de Marina  Juan Romero Moreno. El motivo aducido fue que en 1889 había efectuado un viaje a París sin haber avisado al ministro de Marina, sin tener en cuenta que para el mismo había sido autorizado por su Capitán General.

Había desecho un proyecto que era vital para España, y el genio que lo había hecho posible debía ser castigado.

¿Y cómo actuaba la prensa en toda esta cuestión? Se trata de un asunto digno de estudio, al que animo se aventure algún desocupado como yo.

Es un asunto arduo, por lo que en este caso me limitaré a tratar lo acontecido en el tema que nos ocupa, el submarino Peral, donde jugó un papel que podemos calificar como indignante.

Resulta que los plumíferos, en 1863 reclamaban el abandono de Santo Domingo, y en 1868 la prensa peninsular exigía el abandono de Cuba. Miremos fechas: 30 años antes de culminar la gran traición.

Y cuanto al asunto del submarino, la prensa fue colaborador necesario en la violación del secreto; la prensa jugó un papel de primer orden, supuestamente para hacer popular el proyecto y a su autor… y La Época, El Correo y El Globo, que representaban el pensamiento de Cánovas, Sagasta y Castelar, respectivamente, le acosaban directamente desde los primeros momentos del submarino.

Y cuando el submarino fue varado y Peral pidió la baja en la Marina, la prensa en su conjunto silenció el manifiesto que pretendía hacer llegar a la opinión pública. Y no conforme con eso, se explayó vituperándolo y desacreditando su condición de hombre de ciencia.

A su fallecimiento el 23 de mayo de 1895, la prensa volvía a insultar la figura del ingeniero en un lenguaje melifluo, señalándolo como un pobre hombre que falló en su empeño por conseguir una nave submarina.

Y en 1895 no hacía falta la prensa filibustera de los EE. UU., porque la prensa de Cuba ejercía esa función a la perfección.

En 1898 cargó contra el general Weyler y muchos mandos militares que manifestaron su apoyo al general cuando fue sustituido por el general Blanco.

El 30 de diciembre de 1896 fue fusilado José Rizal. Todo hace indicar que ya no era el Rizal separatista y masón. Confesó, comulgó y pidió perdón, y justo esa fue la causa de su ejecución, ordenada por el masón Camilo García Polavieja.

La prensa trató el asunto como un crimen de los frailes.

En cuanto a la prensa de los EE. UU., venían jaleando la cuestión a lo largo de todo el siglo, a la expectativa de una compra de la isla.

Y en 1898 la prensa, cuyo protagonismo había sido incuestionable tanto en la gestación del conflicto como en su desarrollo, no dudaba en reconocer en España los signos de la muerte nacional, dotada de un sistema político corrupto y de un ejército ineficaz, y presumía una gran crisis que acarrearía la desaparición de España como nación. Todos los objetivos británicos marcados en 1711 habrían sido cumplidos en estos momentos.

El submarino, que  era vital para España quedó en chatarra y en historia, Pero ¿Cuál era el estado de la flota de la armada española?

Siempre se nos ha dicho que era anticuada, compuesta por buques de madera… pero un análisis pormenorizado de los buques, atendiendo a la fecha de construcción, nos dice que eso, sencillamente no es verdad. Incluso las cancillerías europeas apostaban por una clara victoria española.

Acorazados como el Pelayo tenían capacidad para controlar las costas usenses, y el armamento utilizado, de invención nacional, era superior al usado por otras potencias.

Poco o nada puedo decir al respecto, porque, por lo que a mi persona respecta, en relación con la Marina, me limito a haber sido marinero de reemplazo. Desconozco absolutamente todo lo demás. Tengo, y facilito, relación de los buques que participaron en la tragedia, y en la redacción de mi estudio no encontré argumentos que pudiesen aclarar la calidad de los buques españoles, por lo que di por bueno lo que de todos es “conocido”.

Fue mi relación con Federico Santaella, posterior a la publicación de mi libro, la que me hizo incidir en algunos aspectos, lo que me ha llevado a variar sensiblemente las explicaciones que sobre la flota y el almirante Cervera doy en mi trabajo. Variaciones que no alteran el contenido y mucho menos las conclusiones, pero sí lo hacen sobre mis juicios sobre la flota y aclaran las dudas que siempre he tenido sobre la honorabilidad del almirante Cervera.

Resulta que, efectivamente, algunas unidades tenían la cubierta de madera; la cubierta, que no el casco. Estoy entrando en un terreno que lamentablemente desconozco y analizo desde mi desconocimiento.

Es el caso que la cubierta de madera era común en todas las armadas. Y es el caso que los barcos españoles que participaron en el combate de Santiago habían sido construidos entre 1890 y 1896, mientras los buques  usenses habían sido construidos entre 1888 y 1896 y tenían una velocidad similar. Con otra particularidad que no es de menor importancia: La estructura de los buques usenses, se parecían más a la de un carguero que a la de un buque de guerra, dando una maniobrabilidad muy inferior a la que daban los buques españoles.

En lo tocante a la artillería, los usenses tenían algunas piezas de mayor calibre que los barcos españoles, pero en conjunto, e insisto que no soy entendido en la materia, no parece que la diferencia fuese significativa, máxime si añadimos que la pericia de los marinos españoles era sobradamente superior a la de los usenses, que manifestaron un extraordinario error en el tiro.

En definitiva: no es cierto que la armada española fuese inferior a la armada usense, ni en barcos, ni en artillería, ni en cualificación de jefes, oficiales y tropa, sino tal vez, en conjunto, superior, si bien es necesario señalar que Joaquín Bustamante señaló que la escuadra estaba bloqueada por fuerzas superiorísimas, señalando que, en todo caso, la salida de puerto debía realizarse por la noche.

Por otra parte, y conforme Federico Santaella me indicó, la artillería necesita hacer tres disparos para tener opción de blanco. Con el segundo se corrige el tiro, y el tercero, supuestamente, da en el blanco. Bien, los cañones españoles eran de carga rápida; los usenses no, y para recargar el armamento precisaban diez minutos…

Diez minutos en los que el blanco no se quedaba quieto. Se trataba, por tanto, de un armamento inoperativo en la práctica… mientras no sucedía lo mismo con los cañones Hontoria de la Marina española.

Para hacernos una idea de lo expuesto, sólo hay que señalar que de los 9.474 proyectiles disparados en la batalla de Santiago por parte de los usenses, hicieron blanco 123… Y la escuadra española fue embarrancada de forma premeditada, quedando tan sólo el Colón que, mucho más rápido que los barcos usenses, emprendió ruta a Manzanillo, debiendo finalmente embarrancar al haberse acabado el poco carbón energético que no había sido sepultado en la hulla de menor rendimiento.

A todo lo apuntado se une que las minas Bustamante, de una operatividad probada, no fueron utilizadas en número acorde con lo que requería la situación… y lo que es peor, las que se colocaron, a lo que parece, no llevaban detonadores. Estas minas se podían explosionar por contacto o ser forzada su explosión desde la costa. No explotó ninguna, y ello tiene dos explicaciones posibles: que los usenses tuviesen noticia exacta de dónde se hallaban ubicadas, o que los detonadores estuviesen inoperativos… y siendo que tales minas podían ser activadas desde la costa, la explicación de su no explosión nos introduce en un mar de dudas que, a mí, en mi inexperiencia militar, me lleva a pensar en una orquestación, en una traición a gran escala.

Tal cúmulo de cosas se unen que hasta he leído en alguna parte que había torpedos que, en vez de carga explosiva llevaban serrín… Lo digo como dato curioso sin que en ningún momento me atreva a afirmarlo. Bien puede ser un dato colado por el enemigo para desmontar las evidencias que son descubiertas.

Mi desconocimiento de estos aspectos a la hora de redactar mi trabajo me llevó a creer a Cervera, a pesar de las dudas que no obstante tenía sobre él y con el pensamiento a favor del reo cuando en vez de pruebas hay dudas. Ya creo que los datos lo inculpan como a los demás.

Su rechazo para entrar en combate gozando de situaciones ventajosas, su enclaustramiento suicida en la bahía de Santiago, lo que le obligaba a salir en fila india por la bocana, con el evidente y grave riesgo que ello comporta, en una actuación que alarma a cualquier lego en la materia, como es mi caso…

Cervera se quejaba con razón de la falta de puestos de carboneo, y eso me cegó, porque no me di cuenta de que en las Azores cargó los buques de carbón en cantidad suficiente para arribar a Cuba, presentar batalla, ganarla y marchar a bombardear Nueva York.

Pero la función reclamaba que mantuviese un intercambio de telegramas con el gobierno reclamando un carguero de carbón que le fue prometido y nunca salió. La verdad es que el carguero no era absolutamente imprescindible si acaso Cervera hubiese tomado la derrota de Cuba. Sin embargo, en Azores, después de cargar carbón hasta los topes desmontó el armamento de los cruceros y de los destructores, supuestamente porque estaban averiados. Y además, el carbón más energético, necesario para el combate, quedó enterrado bajo el carbón menos energético. ¿Error fatal? Insisto que soy absolutamente lego en el asunto.

Supongamos que efectivamente los cañones estaban averiados… ¿todos? Supongamos que efectivamente la forma de cargar el carbón fue un error, pero un error de principiante difícilmente justificable en un almirante de experiencia.

¿Y la excursión marítima que efectuó de Martinica a Curasao y de Curasao a Santiago de Cuba? Supuestamente la realizó buscando carbón y en la práctica gastándolo. ¿Quién se lo iba a suministrar? Y para rematar la jugada, un experto militar como era dirige la escuadra a Santiago, dejándola inoperativa en lugar de conducirla a La Habana, donde sí lo era.

Ya en Santiago recibió la orden de salir con la armada el dos de julio. Salió el día 3 por la mañana.  Acto suicida por demás, porque, aun teniendo en cuenta las dificultades artilleras usenses, estaba garantizada su destrucción merced a la visibilidad que garantizó saliendo a las nueve de la mañana en lugar de hacerlo por la noche, lo que significó señal de alerta para los usenses, que vieron por el humo cómo se ponían en marcha las máquinas de los buques, y para rematar la jugada paró para desembarcar al práctico del puerto. Para los usenses era practicar el tiro de pichón, pues, además, haciendo que los destructores saliesen en último lugar, los libraba de su hostigamiento.

Insisto que soy absolutamente lego en el asunto. Mis deducciones son de pura supervivencia, y quedaría profundamente agradecido si alguien me justificase esas actuaciones.

Pero es que, además, aceptando que su arribo a Santiago tuviese justificación; aceptando el almacenaje del carbón; aceptando la justificación de la excursión por el Caribe; aceptando el desmontaje de los cañones; aceptando la necesidad de poner en marcha las máquinas a deshora; aceptando el desembarco del práctico; aceptando que era conveniente que los buques más ofensivos quedasen a retaguardia;  ¿Por qué, ya en esa situación no se negó a cumplir la orden de salir de puerto, desmontó los cañones y los ubicó en la costa? ¿Por miedo a un consejo de guerra y a una pena de ejecución? No parece la actitud de un buen jefe.

El almirante Cervera consiguió engañar a quién siguiera su relato, en concreto a mí, que he acusado de traición al gobierno y de forma equivocada he excluido de esa acusación a Cervera

Pero es que todo estaba orquestado, porque no era sólo Cervera.  ¿Qué sucedió en Filipinas por la marina comandada por Montojo?

Dados los juicios emitidos por las cancillerías europeas respecto al cantado enfrentamiento, el resultado obtenido no dejó de sorprender a casi todos.

Pero es que Montojo, que se había señalado en su momento como uno de los principales enemigos de Peral, llevó a efecto en Cavite un nuevo acto de la farsa. Presentó batalla en alta mar, lejos de las baterías de costa, que no pudieron prestar apoyo.

Carlos Ría, militar que estuvo presente en la batalla critica ese hecho y asevera que Montojo obró del mejor modo posible para perder los barcos.

Además, la derrota fue magnificada por la acción del propio mando español, pues los barcos fueron abandonados en lugar de intentar sofocar los incendios … Pero es que Montojo evitó que el resto de la flota fuese hundida por los usenses. Ordenó a sus propios tripulantes, que la hundiesen ellos, sin presentar combate.

Y lo curioso es que los usenses reflotaron los barcos hundidos y los tuvieron en servicio de su marina.

La acción sería completada en tierra con la actuación del general Augustín, que aplicó tácticas equivalentes a las aplicadas por Montojo en el mar.

Parece evidente, a vista de lo expuesto que es necesario revisar lo que conocemos de estos acontecimientos y de sus protagonistas. Muchos tienen en nuestras ciudades calles y monumentos en su honor. ¿Son merecedores de los mismos? Personalmente creo que no, porque creo que son traidores a la Patria… Y si resulta que soy un patán y no son traidores a la Patria, tampoco se merecen un monumento, como yo, por patán, no lo merezco.

España ha dado a lo largo de los siglos un interminable elenco de benefactores de la humanidad y de patriotas.

Todos ellos se encuentran divididos en dos grupos: aquellos cuyo recuerdo es metódicamente ocultado, y aquellos cuyo recuerdo es metódicamente vilipendiado.

Mientras tanto, las ciudades españolas están repletas de calles y monumentos levantados en honor de traidores a la Patria, y yermas de recuerdo para los patriotas.

Finalmente, el 10 de diciembre  fue firmado el denigrante tratado de París. A resultas de este, y contra lo que marcan las leyes, España vende Filipinas a los EE. UU. por 20 millones de dólares, y lo que es como mínimo tan curioso, los EE. UU. no exigen pagos por reparaciones de guerra…

Todo, cuando menos, curioso. Será para mantener el mismo tono en toda la pantomima. Recordemos que también la guerra fue declarada con carácter retroactivo. Todo muy curioso.

Y como no podía ser de otro modo, el Tratado de París es la perfección de la humillación de España, cuyo mayor precio, si ya de por sí fuese poco, está siendo pagado hoy por los puertorriqueños, a quienes, para mayor inri se les privó de su condición de españoles.

Personalmente entiendo que el Tratado de París es un insulto al derecho de gentes, impuesto por los superiores jerárquicos de los gobernantes de España, y los 20 millones de dólares no es más que el premio que se da al sabueso que trae la pieza.

Pero es que además carece de las mínimas garantías, puesto que Manila resistió hasta un día después de la firma del mismo, con lo que la capitulación viene a ser nula al estar en paz España con los EE.UU.

Y para rematar la ilegalidad, las islas de Sibutú y Cagayán de Joló, que quedaron fuera del acuerdo de paz, acabaron quedándoselas los EE. UU. con un claro argumento: en sus manos tienen la fuerza para hacerlo.

Pero los remates no terminaron con esas islas.

Por esas fechas el gobierno vendió a Alemania  las islas marianas, palau y carolinas…  Pero el pueblo español no fue informado de esa circunstancia. Se trataba de un secreto de estado que no podía ser hecho público… y de un acto absolutamente ilegal.

Esa circunstancia, la del secreto de estado, viene a alarmar al curioso que ha observado cómo el descubrimiento de una poderosa arma, que además era necesaria para defensa de España, era roto por el gobierno y jaleado en prensa como una atracción de circo, y sin embargo, ese mismo gobierno fue muy prudente y capaz de guardar el secreto de la venta a Alemania de las Marianas, Palaos y Carolinas, llevado a efecto en 1899.

 La verdad es que todo, lo de Cuba, lo de Filipinas, lo de Palaos… todo, obedeció a un acuerdo previo que garantizaba la presencia de Alemania en el Pacífico, que se veía excluida de Filipinas, su primer objetivo.

Estos archipiélagos habían sido vendidos el 10 de diciembre de 1898 por 25 millones de pesetas, saltándose la legislación española, porque el señor Sagasta estimaba que no ofrecían utilidad después de perdidas las Filipinas, y que era dudoso que los beneficios comerciales o de orden internacional compensaran el gasto de sostenimiento.

En fin…

Hemos llegado al final sin haber  tratado un personaje que resulta trascendental en la trama. Se trata de Antonio Cánovas del Castillo.

Como queda dicho, con el asunto del submarino se dedicaba a hacer chascarrillos y acabó siendo asesinado, yo entiendo que porque, como he señalado, le dio un ataque de patriotismo que no podía ser consentido.

Contrariamente a lo que me sucedió con el almirante Cervera, he andado buscando el dato que me hiciese pensar que no era un traidor, instado grandemente por los comentarios que sobre el personaje me hacían personas  con las que comentaba mi trabajo. Pero todos esos argumentos acababan siendo insustanciales, erróneos.

Tal vez suceda como en el caso de Cervera y acabe teniendo que rectificar. Prometo que si así sucede lo proclamaré. Hoy por hoy lo tengo en la nómina de los traidores.

Entonces, ¿Por qué y por quién fue asesinado?

No cabe duda de que el autor material fue Michele Angiolillo, pero la pregunta sigue vigente: ¿quién lo asesinó?

Personalmente creo que el servicio secreto británico.

¿Y por qué lo asesinó?

Porque se mostró renuente a la hora de dar el golpe definitivo a España.

No he alcanzado datos que señalen a Cánovas como miembro de la masonería, pero sus relaciones con miembros de la secta son de escándalo, incluido Zaharof, y las actuaciones tanto en el tema del submarino como en el tema de la flota en general, fueron tendentes a no permitir su desarrollo, otorgando la construcción de navíos a empresas en proyecto.

Finalmente, en 1897, entiendo que no supo cómo cambiar el registro y se mostró dispuesto a reunir en Cádiz dieciocho buques de combate antes de que comenzara el año 1898. Algo que no podía permitirse. Su asesinato paralizó la operación y su sucesor, Sagasta, el 30 de noviembre, manifestó que no eran necesarios esos barcos.

¿Qué provocó ese cambio de actitud? Difícil de responder. Personalmente creo que el miedo a que lo que finalmente acabó ocurriendo ocasionase un alzamiento nacional, pero eso, lógicamente, no es más que una suposición.

Y después de todo esto, la pregunta del millón es cómo estos hechos no han sido presentados en la forma que ahora son presentados. 

La verdad es que los datos están ahí, al alcance del curioso. Yo no me he inventado nada y no he interpretado nada. Está claro que he hecho alguna suposición, pero ante hechos constatables la deducción es lógica. Permítaseme un símil: si alguien ha resultado acuchillado y a su lado hay una persona con un cuchillo ensangrentado en la mano, vamos a presumir inocencia en el mismo, pero vamos a analizar quién ha sido el agresor con una claridad contundente.

También existen otros datos que sin lugar a duda posibilitó que los hechos fuesen ocultados premeditadamente y no fuesen utilizados, a sabiendas, por los curiosos de la historia.

Es más que probable que la situación producida tras la derrota de Santiago y de Cavite, provocase en el pueblo español la ira, y que la misma fuese canalizada contra los culpables internos de la situación, pero no nos olvidemos que estamos hablando de unos expertos comediógrafos, la clase política, la prensa, toda dependiente de poderes extranjeros, que no dudaron en hacer creer que la flota usense cruzaría el Atlántico para atacar primero Canarias y luego la península.

El miedo a una invasión usense se veía como inminente, y todos eran conscientes que en aquellos momentos era nula la capacidad defensiva.

Esa era la principal preocupación, por lo que exigir responsabilidades a la corona y al gobierno era una cuestión que era mejor obviar. Posiblemente fue ese el motivo que indujo al pesimismo de la generación del 98.

Pero hoy, ciento veinticinco años después del acto final de la comedia, los españoles necesitamos hurgar todos los entresijos y sacar a luz la verdad. Y poner a cada uno en su sitio. A cada uno de entonces, y a cada uno de hoy mismo. Los datos están ahí, para que el curioso los descubra. Podemos incurrir en errores de bulto que nos desfiguren un tanto un hecho concreto, como en el caso de Cervera, pero en su conjunto, errores incluidos, nos ponen negro sobre blanco la realidad de lo sucedido.

Es hora de que nos sacudamos el amodorramiento del pueblo español, tan criticado por Unamuno. Quizás gracias a los nuevos medios técnicos que permiten burlar la censura… No sé. Tengamos en cuenta que a Isaac Peral no se le permitió divulgar su caso. Fue vetado.

Mi deducción es que el sometimiento al enemigo extranjero ha sido total y absoluto. Actualmente también lo es; tanto que yo me atrevo a decir que la Hispanidad entera es colonia británica, hoy; que Gibraltar es sólo la base militar desde la que controlan la colonia. Pero no sé por qué, de pronto, se permite que esto se divulgue.

Y aunque la intención sea también perversa, es menester que saquemos a la luz la verdad histórica, porque “alguien” dijo que la verdad nos hará libres.

ANOTACIONES:

El desembarco en Daiquiri y Siboney, el general Shafter desembarcó en una operación que, por las circunstancias del lugar, sólo pudo efectuarse con la aquiescencia del general Linares, que por otra parte ordenó la retirada a las tropas que habían encerrado al ejército usense en Las Guásimas. La actuación de Linares tiene muchos puntos que es necesario analizar, siendo que dejó de utilizar medios que tenía a su disposición.

A pesar de todo, las escasas fuerzas que Linares dispuso, presumiblemente para salvar el expediente, pusieron en jaque al ejército usense, y Shafter planteó la retirada. Si posteriormente Cervera no hubiese llevado la letal salida de la armada, la retirada usense hubiese sido efectiva. (Los hechos de Caney sucedieron el día 1 de julio y la armada salía de puerto el tres.

La capitulación de Santiago. Miles convenció a Toral (que actuaba siguiendo indicaciones de Linares) el dia 13, en conferencia. ¿Influyó la información que debió transmitirle sobre el teniente general Luis Manuel Pando, comandante general, que estaba en Tampa, en territorio enemigo en plena guerra?

Sea como fuere, Linares fue laureado y tuvo una gran carrera. Toral acabó loco, ingresado en un hospital, y abandonado.

Cesáreo Jarabo

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1 thought on “El desastre del 98”

  1. VIVA EL COÑO DE MI MADRE, con Ñ DE LEÑA.
    gracias a VUESTRO texto este país cada día es más GRANDE porque si no fuera por gente como vosotros ESTE LUGAR SE VA A CONVERTIR EN UNA CASA DE LOCOS. solo se pide orden .
    orden en la sala.

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