La Legión española cumple cien años

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¡A mi la Legión!, un grito que resume el espíritu de una unidad militar que despierta la admiración de propios y extraños, el temor a sus enemigos, y el cariño de la mayoría de los españoles, como se puede apreciar en los desfiles militares, en donde los aplausos del público se vuelven atronadores, al paso de esos bravos soldados, con su brioso desfilar y precedidos por la popular cabra.

La Legión española, originalmente Tercio de extranjeros, está de celebración, cumple sus primeros cien años de existencia, desde que fuera fundada por el Teniente Coronel -luego General- José Millán-Astray, con la ayuda del entonces Comandante Francisco Franco Bahamonde.

Formalmente la Legión se fundó por Real Decreto firmado, el 28 de enero de 1.920, por el Ministro de la Guerra, José Villalba Riquelme, pero se considera como la fecha real el alistamiento del primer caballero legionario, Marcelo Villebal Gaitán, el 20 de septiembre de 1.920.

El creador de la Legión se había curtido al mando de tropas nativas tagalas, en Filipinas; ya en África, al frente de los regulares, y un breve paso por el Regimiento Príncipe Nº 3 (sucesor del Tercio de Lombardía).

En aquellos años España se encontraba inmersa en guerra en el Protectorado que le había correspondido en la Conferencia de Algeciras, al norte de Marruecos, la zona más pobre (el resto le correspondió a Francia). Se enfrentaba a las kabilas del rebelde Abd el Krim, en una auténtica sangría de jóvenes soldados de reemplazo. Francia, al no verse afectada por la rebelión, se mantenía al margen (algo parecido a lo que ocurriría durante los años de plomo de la ETA, en que nuestro “leal” aliado fue santuario de los criminales). Esa sangría de jóvenes vidas se convirtió en clamor popular contra la guerra.

Millán-Astray tuvo la visión de crear un cuerpo integrado por soldados profesionales y con un elevado código de valor y entrega, siguiendo el modelo de la Legión francesa. Él fue el inspirador de ese credo legionario de valentía, compañerismo y de entrega hasta de la vida en la defensa de la patria, que han sido su seña de identidad a lo largo de este último siglo.

La Legión, en donde no se preguntaba a quien se alistaba por su pasado, pronto se midió con éxito frente a los rebeldes. Franco, jefe de la primera Bandera (equivalente a un Batallón) salvó a Melilla frente a los insurgentes y, al cabo, tras numerosas acciones, destacó en el Desembarco de Alhucemas, donde el General Primo de Rivera -esta vez sí, con el apoyo de Francia, que se implicó en la guerra tras verse atacada por Abd el Krim-, y en un ejemplo de estrategia, puso fin a la Guerra.

Luego vendría la defensa de la II República,en 1.934, en la revolución de Asturias, instigada por el socialista Largo Caballero, deseoso de terminar con el  gobierno de derechas que había ganado las elecciones de 1.933. Fueron la Legión, dirigida por Franco, y los Regulares, quienes salvaron entonces al Régimen.

En la Guerra Civil, se sumó al Alzamiento del bando nacional, frente a la deriva totalitaria que tomó el Frente Popular y que fue, en definitiva, la que llevó a España a ese enfrentamiento fratricida.

De nuevo ligada a la África que le vio nacer, la Legión volvió a medirse contra los enemigos de España, en 1.957, en la Guerra de Sidi Ifni o Santa Cruz de Mar Pequeña, territorio al sur de Marruecos, que quedó en poder de España tras la independencia del Reino alauí. En realidad, fue una guerra de guerrillas, alentadas por el Rey marroquí. Pese a derrotarlas y dados los nuevos tiempos de descolonización, finalmente se restituyó la que había sido provincia española al país magrebí.

Éste volvió a ser protagonista, cómo no, siempre atento Marruecos al menoscabo de la soberanía española, en la siguiente crisis: el Sahara español, en este caso, con la aquiescencia de nuestros “aliados” Francia y Estados Unidos, que tomaron partido por el país norte africano.

En 1.973, el Frente Polisario, alineado con la socialista Argelia en su enfrentamiento con Marruecos, y dentro de la estrategia de la Guerra Fría en la que se repartían el mundo los dos bloques, el comunista y Occidente, emprende una guerra de guerrillas contra España. Nuestro país debió proceder a la descolonización de ese territorio, de forma pactada, con los jefes aliados de las tribus, pero los terroristas del Frente Polisario eligieron otro camino. A eso se sumó, en 1.975, el ansia expansionista de Marruecos, que reclamaba el territorio. Aprovechando el débil estado de salud del anterior Jefe del Estado, Francisco Franco, Hassan II – “mi hermano” según le llamaba con cariño nuestro Rey Juan Carlos I- emprende la Marcha Verde, con el visto bueno de los Estados Unidos. Al final, se firmaron los ignominiosos Pactos de Madrid, por los que se cedía a Marruecos y Mauritania el Sáhara, para su administración, hasta que se celebrara un referéndum, en donde la población decidiera su futuro. Naturalmente ese referéndum nunca se produjo y Marruecos terminó apropiándose de un territorio que nunca le correspondió.

Después de que el entonces Príncipe Juan Carlos, como Jefe de Estado en funciones durante la enfermedad de Franco, al que le quedaban escasos meses de vida, y tras arengar a las tropas en El Aiun, el Ejército español, Legión incluida, hubo de abandonar vergonzosamente el Sahara y dejar a su suerte a los saharauis frente a los marroquíes invasores, que rápidamente se apresuraron a mandar colones marroquíes.

La Legión se ha ido adaptando a los nuevos tiempos, pero siempre manteniendo su espíritu, y ha participado en prácticamente todos los escenarios en los que España ha estado presente hasta hoy: Bosnia-Herzegovina, Albania, Kosovo, Macedonia, Irak, Afganistán, Congo, Líbano… siempre con el credo legionario bien presente y el “Novio de la Muerte” en los labios.

Jesús Caraballo

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