
ANDRÉS DE URDANETA
Madrid, mayo de 1566 La bruma del primer amanecer aún no se disipa cuando Andrés de Urdaneta se detiene un instante frente al espejo de su aposento. Hoy no es la imagen del joven marino la que lo observa, sino la del fraile de 59 años y la de aquel que acaba de realizar lo que parecía imposible: el viaje de regreso desde Asia (específicamente desde las Filipinas) hacia América, a través del océano Pacífico. Sobre la mesa, extendido como un mapa sin coordenadas, yace el diario de navegación que va a presentar al rey Felipe. En ese cuaderno, trazado





